Externamente, el mundo material se opone y objeta todas las cosas espirituales; pero atrapados en su interior están los más excelsos potenciales espirituales.Cuando Eisav oyó las palabras de su padre, exclamó con grande y amargo clamor; y dijo a su padre: ¡Bendíceme, también, padre mío!» Y [Itzjak] dijo [a Eisav]: «Tu hermano vino, con astucia, y se llevó tus bendiciones
— Bereshit 27.34-35

Iaacov, como la Torá atestigua, era «un hombre íntegro, un morador de las tiendas [de estudio]», en contraste con su hermano mellizo, Eisav, quien es descrito como «un experto trampero, un hombre del campo [de caza]».

Así, podemos apreciar la profundidad de la ira de Eisav cuando Iaacov lo aventajó en su propio juego, obteniendo las bendiciones de «El rocío de los cielos y la grasa de la tierra» a través de la astucia furtiva.

The story of the stolen blessings is often understood as the competition between the two brothers for the legacy of Abraham and Isaac, with Isaac mistakenly taking Esau as the worthy heir, while Rebecca, knowing the true nature of her eldest son, devises the plan that would put Jacob by Isaac's bedside at the crucial moment.

However, a closer reading of the Torah account indicates that Isaac was well aware of the difference between his two sons, and that the blessing he intended to bestow upon Esau was not that of Abraham's spiritual inheritance.

Un pasaje más que revelador es donde Eisav descubre que Iaacov ha recibido las bendiciones, y suplica a Itzjak, «¡Bendíceme, también, padre mío!» «Pero yo lo he hecho tu amo», dice Itzjak. «Le he dado [las bendiciones de] grano y vino. ¿Qué puedo hacer por ti ahora, hijo mío?» «¡¿Tienes una única bendición, padre mío?!», solloza Eisav. «¡Bendíceme también a mí, padre mío!»

Finalmente, Itzjak bendice a Eisav que «De la gordura de la tierra será tu morada, y del rocío del cielo arriba» (habiendo sido la grasa de la tierra y el rocío del cielo mismos ya otorgados a Iaacov), y le promete que en caso de que los descendientes de Iaacov pecaran y se volvieran indignos de sus bendiciones, frustrarán su dominio sobre los descendientes de Eisav en los asuntos materiales.

Pero en el capítulo inmediato siguiente leemos como Itzjak cita a Iaacov, y… lo bendice. «Que el Omnipotente Di-s te bendiga; te haga fructífero, te multiplique, y llegarás a ser una nación muy numerosa. Y que Él te otorgue la bendición de Avraham, a ti y a tus descendientes, para que puedas heredar la tierra de tu morada, que Di-s ha dado a Avraham».

De modo que Itzjak nunca pretendió hacer de Eisav el padre del pueblo de Israel, nunca pensó legarle la Tierra Santa, nunca lo consideró heredero de «la bendición de Avraham».

Había dos bendiciones distintas en Itzjak todo el tiempo (Eisav parece haber percibido esto cuando exclamó: «¡¿Tienes una única bendición, padre mío?!»), destinadas a sus dos hijos: a Iaacov habría de dársele el legado espiritual de Avraham, mientras que a Eisav se le otorgarían las bendiciones del mundo material.

En vista de esto, el comportamiento de Iaacov parece todavía más fuera de lugar. No solamente recurrió a la confabulación y el artificio para recibir la bendición de su padre, sino que lo hizo por regalos totalmente materiales, hechos a medida para su hermano material, mientras que un segundo conjunto, espiritual, de bendiciones, había sido reservado para él todo el tiempo. ¿Por qué no se reconcilió Iaacov con esta división de papeles y recursos? ¿Por qué este hombre «íntegro» vistió las ropas de Eisav, cubriendo su piel con cuero de cabra para dar la sensación de ser su velludo hermano al ser palpado por su ciego padre y engañar a Itzjak para que le concediera también el mundo material?

Originalmente, «Di-s hizo al hombre recto» y lo puso en un mundo recto: el bien era bien y el mal era mal, y Edén era un lugar en la tierra con fronteras claramente definidas. No había vergüenza en este mundo, ni duda, ni cualquiera de los demás asistentes de la ambigüedad.

Una criatura serpentina habitó este mundo rectilíneo. «La serpiente… la más astuta entre todos los animales del campo que Di-s creó , indujo a la primera pareja humana a degustar del fruto del «árbol del conocimiento del bien y el mal» para que ellos pudieran «ser, como Di-s, conocedores del bien y el mal».

Pero lo que en Di-s es la máxima sublimación, en el hombre mortal es la confusión. En Di-s, el «conocimiento del bien y el mal» es el conocimiento de su esencia singular, de la bondad Divina que permea el plano del bien y se oculta detrás de la fachada del mal; en el hombre, intentar conocer tanto el bien como el mal es mezclar los dos, de modo que el bien se extravía en el mal y el mal se infiltra en el bien.

El pecado de Adám obligó a su expulsión del Jardín del Edén, el santuario de inadulterado bien reservado al hombre original. También significó el colapso de la estructura original de la Creación. El «bien» y el «mal» perdieron las demarcaciones absolutas que poseían antes de que el hombre probara del conocimiento del mal. Las cosas más santas y puras se volvieron susceptibles a la ruindad y el egoísmo del ser animal que hay en el hombre, en tanto chispas de santidad se fueron diseminadas a lo largo del plano de lo profano.

From that moment on, the material world has been both a prison and a channel of life for the soul of man, both a quagmire and a treasure.
El materialismo, con su hosquedad, temporalidad y auto-absorción, es el más burdo de los velos para oscurecer la verdad Divina y distanciar al alma de su fuente; pero también es hogar de las «chispas de santidad» que han caído y se han integrado dentro de éste cuando la serpiente primordial hizo de nuestro mundo una mezcolanza de bien y mal. Externamente, el mundo material se opone y objeta todas las cosas espirituales; pero atrapados en su interior están los más excelsos potenciales espirituales.

«El semblante de Iaacov», nos dice el Talmud, «se asemeja al semblante de Adám». Pues la misión de Iaacov en la vida consistía en rectificar el pecado de Adám, restaurar el orden cósmico que se había quebrantado, y liberar las chispas de santidad de su cautiverio corpóreo.

So Jacob could not be content with the spiritual blessings Isaac had reserved for him. It was imperative that he obtain the dew of heaven and the fat of the earth, that he receive the blessings of grain and wine. It was essential that he, not his material brother, be made master over the material world.
Originalmente, Eisav debía haber sido socio de Iaacov en el empeño de redimir las «chispas de santidad». La astucia y las habilidades de caza de Eisav debían ser empleadas en la tarea de aventajar a la serpiente primordial y derivar los recursos materiales de la tierra en apoyo de los empeños espirituales de Iaacov, explotando de ese modo su potencial santo hacia fines santos.

But Esau failed in his mission. He entered the realm of worldly pursuits and became a materialist instead of a hunter of material things. Therefore, Jacob had to assume both roles. He had to become both a trapper and a sublimater, both the shrewd procurer of material things and the upright tzaddik who uses them solely to serve God.

Para ganar las bendiciones materiales que Itzjak había destinado a Eisav, Iaacov tuvo que vestir las ropas de Eisav y asumir los modales furtivos de Eisav. Su propia naturaleza de rectitud no podría haber arrebatado el dominio material de las garras de la serpiente, tal como una flecha volando derecha no puede penetrar el corazón de un complicado laberinto. «Con el puro, sé puro», aconseja el Salmista, «y con el descarriado, sé tortuoso».

Tal es el auténtico enfoque del judío frente a lo material. Este es un mundo que no reconoce amo o autoridad, que no considera tener para sí otra función o propósito salvo su propia perseverancia y crecimiento. De modo que quien ingresa a este mundo –y hacerlo debe, por decreto de Aquel que invistió nuestras almas en un cuerpo y entorno material– debe dominar los artificios «Eisavianos» de la duplicidad y la trampa. Come y bebe, ostensiblemente para nutrir su vida física; se aboca a los negocios, ostensiblemente para aumentar su riqueza material; construye una carrera y una posición en la comunidad, ostensiblemente para acumular prestigio y poder. Para todas las intenciones y propósitos, él es un participante pleno en el «toma y daca» de la vida material.

Pero es sólo el «toma» –llevar la materia a dominios del espíritu–lo que está procurando; cuando llega el momento del «daca» –hacer más materialista la materia– no está dispuesto a pagar el precio. Aquí se vuelve un desvergonzado manipulador, reclamando las porciones más selectas del reino material para sí, pero rehusándose a relacionarse con lo material en sus términos, los de lo material: rehusándose a preocuparse, rehusándose a involucrarse, rehusándose a procurarlo sin objetivos ulteriores.

The Jew wears the garments of Esau, but refuses to let the garments define him. He disguises himself as material, but this is merely a ruse, a trick by which to capture the physical and exploit it toward a divine end.

Based on Likutéi Sijot, Vol. 1, pp. 55-56

Extraído de «El Rebe Enseña» Editorial Lubavitch Sudamericana

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