Así como un ave vuela los cielos en sus dos alas, de la misma forma una Mitzvá se eleva en las alas de amor y temor. Además, amar a Di-s es una Mitzvá, una de las seis que se aplican en todo momento y lugar.

El problema es: ¿cómo desarrollamos alas? Es decir, si no amas, ¿de qué sirve tener una Miztvá, o sea, una obligación de amar?

La verdad es que nacimos con alas, sólo necesitamos algo de ejercicio para tenerlas en forma y aleteando. Tenemos un amor a Di-s innato, pero, como escribe Maimónides, si nunca pensamos en Di-s es difícil sentir amor por El.

¿Y en qué puedes pensar? Aquí hay una meditación, enseñada por Rabí Shneur Zalman de Liadí:

A la mañana, antes de la plegaria, contempla la grandeza de Di-s. Pondera sobre las maravillas de Su creación. Imagina lo que requiere crear semejante lugar y mantenerlo funcionando y existente a cada instante.

Luego, observa tu propia pequeñez, cuán insignificante eres frente a semejante grandeza.

Ahora imagina cómo este increíblemente grande Creador está dejando todo de lado (por así decir) para prestar atención a tus plegarias, ayudarte a observar tus Mitzvot, estudiar Torá contigo y, en general, ayudarte a llevar adelante tu vida. Su amor por ti es tan infinito como El es.

Repítelo diariamente, hasta obtener amor.

Ahora tienes las alas, ¡manda algunas Mitzvot a volar! Tienes un propósito en este mundo, ¡realízalo por amor! Es mucho más placentero que vivir gruñendo.

Por eso el amor es una Mitzvá contagiosa: cuando otros ven alguien cuya vida es motivada por el amor a Di-s, desplegan sus alas para volar con ellos.

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