Una característica de la vida moderna es la práctica de adquirir seguros contra una variedad de circunstancias indeseadas. Cuando una persona compra una póliza de seguro, él o ella, en realidad, se están uniendo a un grupo de gente que accedieron a ser responsables unos por los otros de los infortunios del prójimo. Si uno de ellos sufre una pérdida, Di-s libre y guarde, es compensado de los fondos generados por las primas pagadas por todos.

La lección a aprender es obvia: si tal consenso se puede alcanzar al respecto de asuntos materiales, cuanto más aún debería ser aplicado a nuestras cuestiones morales y espirituales. Todos deberíamos considerarnos parte de un fondo mutual universal: si algo le falta a un ser humano, ya sea comida y refugio o conocimiento y dirección, aún si está en la otra mitad del globo y uno nunca escuchó su nombre o el de la ciudad donde reside, es la responsabilidad de cada uno de nosotros satisfacer su necesidad.

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