«Y todo animal que tiene la planta y la pezuña partida en dos, que es rumiante, habréis de consumir» (Devarím 14:6). En la sección de esta semana, la Torá trata sobre los animales puros, («que habréis de consumir») y los animales impuros («que no consumiréis») y especifica las dos señas del animal puro: Ser rumiante y tener la pezuña partida.El concepto de comer, en términos generales, implica que el hombre toma elementos pertenecientes a los reinos mineral, vegetal y animal, los introduce dentro de sí y estos se convierten en sangre y carne de su propia carne, pasando a integrar su cuerpo. En realidad, este es el objetivo de todas las criaturas: elevarse y fusionarse con el nivel superior a sí mismo. El objetivo del mineral es servir al vegetal; el vegetal se eleva de nivel cuando se fusiona con el animal; y los animales alcanzan la cumbre de su perfección cuando sirven al nivel superior a ellos – el hombre.
¿Cuál es el objetivo del hombre? El hombre logra su objetivo cuando se eleva y se fusiona con lo que es superior a él – el Altísimo, Creador del Universo. Cuando el judío sirve a su Creador y es un instrumento de Él, con esto logra su perfección, y se eleva y une a la dimensión Divina superior a él. El propio término hombre – Adam – señala esto: Adam deriva de «edamé laElión» – semejante al Altísimo.
El propio hombre posee aspectos en los cuales es similar al mineral, al vegetal y al animal. Las necesidades materiales del hombre como comer, beber y dormir, no difieren esencialmente de las de los animales. Y de la misma manera que el objetivo de los animales es elevarse e integrarse al hombre, así también el hombre debe direccionar sus conductas corporales (que son similares a las del animal) de manera tal que sirvan y sean instrumentos para «el hombre» que está dentro de él, y siendo más precisos, al Adam que hay en «el hombre», es decir al aspecto Divino del hombre.
Pero para dirigir los componentes mineral, vegetal, y animal hacia lo sagrado que hay dentro del hombre, se requieren señales de «cashrut«. El hombre debe revisar bien sus acciones y conductas como para saber que efectivamente éstas están en condiciones de ser ingeridas «por el hombre» es decir, que pueden elevarse y santificarse y no contienen características que generen un resultado opuesto, e incluso arrastren al hombre hacia abajo, a los niveles animal, vegetal, etc.
La primera señal de aptitud satisfactoria (cashrut) es poseer la pezuña partida. La pezuña se divide en dos direcciones: hacia la derecha y hacia la izquierda. Esto significa que el accionar del hombre no puede ser unidireccional. La persona que actúa siempre sólo en una dirección – en base a su tendencia personal natural – aunque haga lo correcto y no contradiga ninguna normativa de la Torá, está propenso a errar el camino, e incluso a estar subyugado a su inclinación natural. Debe asegurarse que está en condiciones de juzgar y analizar objetivamente cada situación y estar en condiciones – cuando así lo requiere la acción correcta que indica la Torá – de actuar incluso de manera opuesta a su naturaleza y a su tendencia acostumbrada.
La segunda seña es ser «rumiante». Rumiar quiere decir la repetición del masticar. Es así como debe ser el enfoque del judío hacia los temas materiales: no debe realizarlos basado en una sola verificación superficial, sino debe revisar las cosas nuevamente para asegurarse que efectivamente concuerdan con el objetivo esperado – servir al Altísimo.
Más aún: tal como antes de comer, el judío debe verificar el cashrut – si el elemento es apto ritualmente para su consumo – así también debe revisar toda su estructura de vida material, para cerciorarse de que no actúa a la altura del nivel del animal, sino como un hombre, cuyas acciones todas están direccionadas a elevarse al nivel superior a él – a la santidad Divina.
Adaptado de www.jabad.org.ar