Es algo sabido que los niños aprenden jugando. El juego tiene un papel fundamental en el desarrollo cognitivo y emocional. En general, los padres llevan a sus hijos a escuelas, clubes, deportes y actividades sociales diversas para que allí se desarrollen y socialicen.

Sin embargo, hay un ingrediente adicional a tener en cuenta en el asunto del juego de los niños: el juego con sus padres. La interacción del padre (o madre) con el niño a través del juego es, en general, distendida, divertida, abierta y crea un vínculo interpersonal en los términos del niño, no en los del adulto que resultan aburridos y monótonos, generalmente, a los ojos del niño.

Durante el juego el niño aprende a disfrutar de sus padres y se siente importante, considerado, amado y aceptado tal cual es: un niño.

Además el juego puede servir como preparación para el estudio. El juego disipa la tensión y la ansiedad y abre la mente para poder recibir nuevas ideas. El Talmud cuenta que Rava, antes de dar una clase, contaba un chiste, los estudiantes se reían, y luego comenzaba su disertación.

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