Existen diferentes tipos de festividades en el judaísmo. Comenzando con los momentos especiales de los cuales la Torá habla claramente, como Rosh Hashaná o Iom Kipur, pasando por aquellos momentos sólo indicados, como la alegría de verter agua en el Altar en Sucot y llegando a las festividades instauradas por nuestros sabios, como Januca y Purim, a lo largo del años pasamos por todo tipo de sensaciones y experiencias. Dicho sea de paso, el diario La Nación publicó un artículo sobre los días de vacaciones en diversos países, sorprendiendo con sólo 9 días de los japoneses, pero la verdad es que en el judaísmo no existen las vacaciones... todos los días uno debe rezar, hacer Mitzvot, etc. festividad no implica vacaciones).

Sin embargo hay otro tipo de festividades, los momentos felices de la historia en los cuales ocurrieron eventos que fueron fundamentales para la continuidad judía, como la liberación del Rebe anterior, Rabí Iosef Itzjak Schneerson, de bendita memoria, de la encarcelación en la Rusia comunista, un 12 de Tamuz de 1927 (este jueves 24 en el calendario gregoriano este año).

Para explicar brevemente lo sucedido, en pleno apogeo de la Unión Soviética que prohibía la práctica religiosa, el Rebe trabajó arduamente difundiendo la observancia de Torá y Mitzvot, fundando escuelas y construyendo mikvaot (baños rituales) clandestinos para apoyar a los judíos de Rusia.

Un 15 de Siván el Rebe fue llevado preso, donde permaneció por 27 días, pasando por torturas y sufrimientos físicos y psicológicos. La intención principal era matarlo, pero luego, por la presión internacional y local, se cambió su sentencia a 10 años de exilio en Siberia, para luego cambiarla por 3 años en Kastramá para, finalmente, liberarlo por completo.

Cuando el Rebe salió de la cárcel para ser enviado a Kastramá, en la estación de tren, frente a muchos oficiales de la policía secreta rusa, el Rebe dio un pequeño discurso, frente al público de seguidores presentes. Entre otras cosas, el Rebe dijo: "Sepan todos, que de acuerdo a las leyes del país está permitido estudiar Torá y observar Mitzvot"

Un año después, cuando el Rebe estaba en Leningrado, preparándose para dejar Rusia, pronunció las siguientes palabras: "Yo no dejo Rusia porque me tuve que ir forzado, sino porque hay un asunto espiritual por el cual debo cambiar mi lugar de estadía e ir a otro lugar. Si les dicen que de acuerdo a las leyes del país está prohibido estudiar Torá, sepan que es mentira. No hay ninguna ley que prohíba el estudio de Torá y cada uno debe encontrar un maestro que le enseñe a sus hijos"

El evento (cuya descripción detallada escapa a esta editorial) y las frases que el Rebe dijo a lo largo del proceso de liberación nos dejan una enseñanza de vida fundamental: a menudo nos encontramos con un mundo que, aparentemente dificulta y hasta se opone a la observancia de la Torá. La idiosincrasia local, la sociedad en general, las costumbres familiares parecen ser obstáculos fuertes frente a quien contempla la posibilidad de hacer una Mitzvá. La actitud del Rebe frente al encierro y su milagrosa liberación nos enseñan que no sólo no debemos temer ante las dificultades más extremas sino que, más aún, el mundo mismo, en su interior, aprueba, espera y exige que el pueblo judío asuma su rol en la observancia de Torá y Mitzvot.

Estos momentos, a pesar de no figurar explícitamente en la Torá y de no haber sido mencionados por nuestros sabios, marcan nuestras vidas de una forma muy particular, y su expresión se ve en dos asuntos: 1) por un lado los agregamos como festividades a nuestro calendario, cambiando el orden común del rezo (no se dicen súplicas) para indicar y expresar nuestra alegría y 2) por otro lado meditamos en la enseñanza de vida que nos deja en forma general (como mencionado anteriormente) y en forma particular, ya que de no ser por lo que ocurrió el 12 y 13 de Tamuz de 5687 yo no estaría escribiendo esta editorial y usted no la estaría leyendo...

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