En este capítulo el Alter Rebe dice que cualquiera de nosotros puede ser un “Hombre intermedio” en todo momento que quiera, porque un “Hombre intermedio” no odia el mal, sino que, simplemente, no deja que se exprese. ¿Qué diferencia hay entre odiar al mal y no dejar que se exprese?

El “odio” es un sentimiento en el corazón, y el “Hombre intermedio” no gobierna su corazón.

¿Qué significa no dejar que “el mal se exprese”? Es como cuando estamos con un amigo, y ese amigo habla en forma constante, ¡no deja que nos expresemos!, o sea, no nos deja hablar. No dejar que “el mal se exprese” significa impedir que la “Inclinación al mal” use alguna de las “Vestimentas” del alma, pensamiento, palabra y acción, para pensar sobre el mal, hablar sobre él o hacerlo. Sobre esto, ¡el “Hombre intermedio” sí tiene el control absoluto!

El Alter Rebe da un consejo para evitar que el Alma Animal tome control de las “Vestimentas”. Aún cuando la “Inclinación al mal” quiere algo negativo, el “Hombre intermedio” puede distraer su atención de eso hablando consigo mismo. Obviamente, no se refiere a hablar en voz alta solo, porque seguramente la gente pensará que estamos locos. Sino que la idea es imaginarse como si hablásemos con la “Inclinación al mal”.

¿Y qué hay que decirle? El Alter Rebe cita un profeta1: “los pecados separan entre ustedes y Di-s”, lo que significa que cada transgresión separa entre nosotros y Hashem, y cuanto más separados estamos de Hashem, menos Lo podemos sentir. Es como si pusiésemos una pantalla que tapa los rayos del sol: de un lado de la pantalla se puede sentir la luz y el calor del sol, pero del otro lado no… está oscuro y frío… Las transgresiones son como pantallas entre Hashem y nosotros.

Entonces, cuando la “Inclinación al mal” aparece con sus ideas, le explicamos que no queremos estar separados de Hashem ni siquiera por un instante. Sino que queremos estar unidos siempre a Hashem estudiando Torá y cumpliendo Mitzvot.

Otra cosa que podemos decirle es que, en realidad, ¿Quién podría transgredir la Torá? ¡Sólo un tonto! ¿Y quién quiere ser un tonto? ¡Yo no! Porque, como dijo el profeta, transgredir la Torá nos separa de Hashem, y nadie quiere estar separado de Hashem… Por eso, sólo un tonto, que se olvida de la verdad, podría transgredir la Torá.

Pero al respecto del odio al mal, eso es algo que sólo un Justo puede lograr, y sólo es posible cuando tiene un amor a Hashem muy fuerte, pero no todos pueden llegar a eso, sino que es como un regalo de Hashem. Él decide si nuestra alma será la de un Justo o no.

Con lo que explicó hasta aquí, el Alter Rebe dice que podemos entender la frase de nuestros sabios2 que citó al principio del capítulo 1, que decía que al alma la hacen jurar que será un Justo y no será un Malvado. La frase no tiene sentido: si será un Justo, obviamente que no será un Malvado! ¿Qué significa este juramento?

El Alter Rebe explica que, como no depende de nosotros ser Justos, o sea, amar a Hashem profundamente y odiar el mal profundamente, por lo menos no seamos Malvados, ¡sino “Hombres intermedios”! Cosa que sí está dentro de nuestras posibilidades.

Aun así el hecho de que no podamos odiar al mal y amar a Hashem como los Justos no quiere decir que no debamos intentarlo… de hecho, cada uno tiene que hacer lo que pueda para cumplir esa parte del juramento del alma, la de ser Justos.

El Alter Rebe nos aconseja cómo lograrlo: al respecto de odiar al mal, podemos pensar en que es como la comida. Así como la comida, tarde o temprano, se pudre… lo mismo pasa con las cosas materiales del mundo que no nos ayudan a estudiar Torá y cumplir Mitzvot: son como comida podrida. Al respecto de amar a Hashem, el Alter Rebe dice que debemos pasar tiempo pensando en la grandeza de Hashem, y eso nos ayudará a amarlo.

A pesar de que este consejo no nos lleve a odiar al mal y amar a Hashem como un Justo, no importa, debemos hacer lo que podamos y, además, al intentarlo muchas veces nos acostumbraremos y, más aún, si Hashem ve que lo intentamos con muchas ganas, quizás mande el alma de algún Justo a ayudarnos y realmente podamos sentir lo que siente un Justo, y podamos cumplir esa parte del juramento, de ser un Justo.

1Ishaia 59:2

2Talmud Nida 30b

2 comentarios en «Capítulo 14»

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