En el capítulo anterior el Alter Rebe explicó que Hashem crea el universo con la palabra, y esto hace que el mundo sea insignificante frente a Él. Para entenderlo, nos dio un ejemplo de nuestras propias palabras. Pero, cuando analizamos mejor la palabra del hombre, nos damos cuenta de que no es igual a la palabra de Hashem.

Cuando decimos algo, esas palabras se separan de nosotros y viajan por los aires hacia la persona a quien le estamos hablando. Pero las palabras de Hashem nunca se separan de Él, porque no hay nada fuera de Él. Entonces: ¿Por qué el Alter Rebe dio el ejemplo de la palabra del hombre para explicar la creación de Hashem? Más aún, la Torá misma, cuando habla de la creación, dice que Hashem “habló”1 para crear el mundo… ¿Por qué?

El Alter Rebe explica que el ejemplo de la palabra del hombre nos sirve solamente para entender que, así como las palabras revelan lo que estaba oculto en el corazón, de la misma manera, cuando Hashem habla, revela lo que está oculto en Su interior, que es nuestro mundo.

Es como tener un buen amigo y sentir amor por él, pero, si nunca se lo decimos, ese amor queda oculto en nuestro interior. Pero cuando le decimos “¡Qué buen amigo que eres!”, se está revelando algo que estaba oculto dentro de nosotros.

Sin embargo, las palabras del hombre son diferentes a las de Hashem, porque las del hombre se separan de él cuando las dice (por eso hay que tener mucho cuidado con lo que decimos, porque no se pueden borrar las palabras cuando ya fueron dichas, ya se separaron de uno y no podemos controlarlas). Pero las palabras de Hashem no se separan de Él: nada puede separarse de Hashem, porque Hashem abarca todo y no hay nada fuera de Él.

Y aquí aparece una idea muy profunda: las palabras que Hashem dice para crear el mundo, nunca se separan de Él. No son como las palabras del habla del hombre, que se separan de quien las pronuncia, sino que son como cuando estamos pensando algo. En el cerebro, aún antes de decir nada, cuando una idea todavía se está pensando, también hay palabras, las que se usan para pensar y dar forma a la idea en nuestro interior. Así son las palabras que Hashem usa para crear el mundo. Es como si el mundo entero estuviese “dentro de la cabeza” de Hashem.

Pero Hashem quiere que nosotros veamos al mundo como algo separado de Él. Como si fuese creado con palabras dichas por un hombre, separadas de él. Entonces, el mundo se percibe a sí mismo como separado de Hashem (comparable a la palabra del hombre después de haberla dicho) pero, en realidad, está unido a Hashem (análogo a la palabra en el cerebro del hombre, antes de decirla).

Esta diferencia entre la forma como el mundo es (unido a Hashem) y como el mundo se ve (separado de Hashem) se llama contracción (tzimtzúm). El Alter Rebe explica que esta contracción nos afecta solamente a nosotros, seres creados por Hashem, pero no a Él. Lo que Hashem oculta es que el mundo está unido a Él, o sea, que el mundo depende totalmente de Él, esto es lo que no lo vemos. Vemos el mundo, pero como separado de Hashem.

El motivo de este ocultamiento es para que podamos vivir en el mundo, porque si Hashem revelase Sus palabras como verdaderamente son, no podríamos soportarlo. Es como el sol que está lejos de la tierra: de esa manera lo disfrutamos. Pero si tuviésemos al sol cerca de nosotros, terminaríamos incinerados. Si la energía de las palabras de Hashem estuviese revelada para nosotros, no tendríamos forma de soportarlas y terminaríamos dejando de existir.

Desde nuestra perspectiva, vemos al mundo separado de Hashem, pero Él ve al mundo tal y cual es en realidad, como nada frente a Él, pequeño e insignificante.

1Ver Bereshit 1:3

1 comentario en «Capítulo 21»

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