Hasta ahora el Alter Rebe explicó que todo judío tiene “Amor oculto” a Hashem que se despierta en los momentos de pruebas de fe. Luego explicó cómo el mundo es creado por la palabra de Hashem y cómo Él se oculta para darnos la opción de elegir hacer el bien. A tal punto se oculta, que da lugar a que exista la idolatría, algo que se considera separado e independiente de Hashem.

Con estas ideas, el Alter Rebe explica la impresionante unión que se genera entre Hashem y el judío cuando cumple una Mitzvá y estudia Torá.

Empecemos por las Mitzvot. Nuestros sabios1 dicen que las doscientas cuarenta y ocho Mitzvot positivas, son los doscientos cuarenta y ocho miembros del Rey (Hashem Mismo). Los miembros son los brazos, el corazón, el estómago, los pies, etc. Fuimos creados a imagen y semejanza de Hashem, entonces, si nosotros tenemos doscientos cuarenta y ocho miembros en el cuerpo, quiere decir que Hashem “tiene” doscientos cuarenta y ocho miembros, que son las doscientas cuarenta y ocho Mitzvot positivas.

Pero, ¿qué quiere decir que una Mitzvá es un miembro, como un ojo, o una pierna? El ojo o la pierna son como “vestimentas” para la energía del alma que les da vida. El ojo es la “vestimenta” de la capacidad de visión del alma, la pierna es la “vestimenta” de la capacidad de caminar del alma, y así con los demás miembros del cuerpo, son la “vestimenta” de la parte del alma que les corresponde.

Pero hay más: el ojo, la pierna y los demás miembros están anulados al alma dentro de ellos. ¿Qué quiere decir “anulados”? En cuanto se nos ocurre mover la pierna, la movemos, no hay un tiempo que tarda la pierna en pensar si quiere caminar a donde le mandamos que tiene que ir. La pierna anda inmediatamente para donde queremos que ande. Eso quiere decir “anulado”, como una carroza, que va donde el conductor la lleva. El cuerpo va donde el alma lo lleva.

Lo mismo pasa con las Mitzvot: son la “Voluntad directa” e interna de Hashem, en otras palabras, son lo que Él realmente quiere. El Alter Rebe lleva esto un paso más allá: dado que la verdadera Voluntad de Hashem es que cumplamos Mitzvot, tiene que haber un mundo para que podamos hacer Mitzvot. Entonces, en realidad, este mundo existe para que podamos cumplir las Mitzvot. Cuando cumplimos una Mitzvá, traemos al mundo la luz y energía de la Voluntad de Hashem dentro de esa Mitzvá y, de hecho, nuestra observancia de Mitzvot hace que el mundo continúe existiendo.

Por ejemplo una mezuzá: el pergamino escrito con tinta es la expresión material de la Voluntad de Hashem (que es algo espiritual). Hay una energía de las palabras de Hashem que crean el pergamino, y esa energía es la “vestimenta” para la Voluntad de Hashem específica en que cumplamos la Mitzvá de mezuzá. Cuando colocamos la mezuzá y cumplimos la Mitzvá, estamos trayendo al mundo la luz y la energía de la Voluntad de Hashem dentro de esa Mitzvá.

En el capítulo 4 el Alter Rebe explicó las “Vestimentas” del alma: pensamiento, palabra y acción. Ahora explica que la “Vestimenta” de acción, cuando cumplimos una Mitzvá, también se vuelve “vestimenta” para la Voluntad de Hashem en esa Mitzvá. A su vez, los miembros del cuerpo con los cuales cumplimos esa Mitzvá también se vuelven “vestimentas” para la Voluntad de Hashem en esa Mitzvá. Por ejemplo, la mano que da tzedaká, las piernas que llevan a hacer una Mitzvá, la boca y la lengua que dicen palabras de Torá y el cerebro que piensa en la grandeza de Hashem, todos esos miembros se vuelven “vestimentas” para la Voluntad de Hashem en esas Mitzvot.

Es como una persona vestida con muchas vestimentas: camiseta, camisa, saco y abrigo. Cada vestimenta cubre a la vestimenta de abajo y, al final, cubre a la persona misma. A su vez, cada vestimenta está anulada a la persona: toma la forma de la persona y se mueve según la voluntad de la persona. Qué terrible sería si las vestimentas tuvieran su propia voluntad: ¡moveríamos el cuerpo para un lado, y el abrigo se iría para el otro! Eso es lo que significa que las vestimenta están “anuladas”, no tienen voluntad propia, se mueven para donde decidimos y se estiran y contraen según nuestro cuerpo.

La “Voluntad directa” de Hashem está dentro de la energía que crea el objeto de la Mitzvá (el pergamino, por ejemplo), que, a su vez, está dentro de la fuerza del alma que usamos para hacer la Mitzvá (por ejemplo, la fuerza de movimiento para colocar la mezuzá), que, a su vez, está dentro de la parte del cuerpo con la cual cumplimos la Mitzvá (la mano). Cada una de estas fuerzas y energías, está anulada a la Voluntad de Hashem de que cumplamos esa Mitzvá.

Así explica el Alter Rebe qué quiere decir que las Mitzvot son los miembros del Rey: así como una carroza está anulada a su conductor, cuando cumplimos una Mitzvá, estamos anulados a la Voluntad de Hashem que está dentro de esa Mitzvá.

Pero con la Torá es diferente. La “Vestimenta” del alma de pensamiento con la cual pensamos en Torá, y la “Vestimenta” del habla con la que decimos las palabras de Torá no son solamente como carrozas anuladas a su conductor, como en el caso de las Mitzvot, sino que están totalmente unidas a la “Voluntad directa” de Hashem, porque la Voluntad de Hashem es eso mismo en que estamos pensando o sobre lo que estamos hablando.

Cada ley en la Torá (halajá) es como una parte de la “Voluntad directa” de Hashem, y cada letra de la Torá es la Sabiduría de Hashem, que está unida a Él (ver en el capítulo 18, donde el Alter Rebe explica que Sabiduría está unida a Hashem, y la Torá es la Sabiduría de Hashem).

Entonces, cuando cumplimos una Mitzvá, estamos anulados a Hashem, a través de que cumplimos con Su Voluntad, pero esa Voluntad está oculta tras muchas “vestimentas”. Cuando estudiamos Torá y sabemos ideas de la Torá, Hashem mismo está dentro de nosotros, sin todas esas “vestimentas” que Lo ocultan.

Es verdad que no siempre sentimos cómo Hashem está en nuestro interior, pero, a pesar de eso, es así, y hay una parte del alma que sí lo siente, así como lo sienten los grandes Justos (tzadikím) cuando estudian y saben Torá. Además, si lo sintiésemos, tendríamos tanto temor de la presencia de Hashem que no nos podríamos ni mover.

Esta idea tiene que generar un temor a Hashem impresionante cuando estudiamos Torá, al saber que estamos unidos a la “Voluntad directa” de Hashem, y esa Voluntad está revelada en nuestro interior, o sea, debemos ser conscientes de que estamos más cerca de Hashem que los ángeles (malajím) mismos.

1Tikunei Zohar, Tikun 30

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