En este capítulo, el Alter Rebe trae otra razón por la cual podríamos estar tristes y da la solución para evitar esa tristeza.

Puede ocurrir que, en medio del estudio de Torá o del rezo, cuando estamos realmente ocupados en servir a Hashem, surjan pensamientos inapropiados, y eso genera tristeza, porque pensamos: “Si realmente estuviese sirviendo a Hashem, no estaría pensando en estas cosas que no tienen nada que ver con Él”.

Por ejemplo, si realmente estuviésemos rezando, ¿por qué estaríamos pensando en el desayuno? Quiere decir, entonces, que nuestro rezo no vale nada… Esos pensamientos generan tristeza, porque nos esforzamos mucho, y, aparentemente, nuestro rezo no tiene ningún valor.

Pero no es verdad. El Alter Rebe explica que, en primer lugar, cuando al “Hombre intermedio” le surgen esas ideas malas en el momento del rezo o del estudio, debe dejar de pensar en ellas rápidamente. En cuanto se da cuenta de que, por ejemplo, está pensando en el desayuno en medio del rezo, debe pensar en las palabras del rezo que está diciendo con más fuerza.

En segundo lugar, el Alter Rebe explica que lo que está pasando es que, cuanto mayor es el esfuerzo por usar la “Inclinación al bien” para servir a Hashem, tantas más fuerzas pone la “Inclinación al mal” para luchar en contra. Entonces, ¡es al revés de lo que pensábamos! El hecho de que la “Inclinación al mal” está trabajando muy fuerte, es una prueba clara de que la “Inclinación al bien” ¡está trabajando muy bien! Y eso tiene que generar mucha alegría: si hay tanta oposición, es porque de veras estamos en el buen camino.

El Alter Rebe explica cómo funcionan ambas almas, el Alma Divina y el Alma Animal, juntas. No es que primero una propone hacer una Mitzvá y después la otra dice lo contrario, no se turnan, sino que funcionan al mismo tiempo. Es como un partido de fútbol: ambos equipos juegan, se mueven por el campo e intentan hacer sus jugadas al mismo tiempo, aún cuando hay un sólo equipo con la pelota a la vez, pero los dos se están moviendo y jugando en la cancha.

Lo mismo ocurre con las dos almas del judío: ambas “juegan” dentro de nosotros para gobernar el cuerpo y, a veces, hasta hablan al mismo tiempo, intentando llamar la atención. Es como si, mientras estamos rezando, y el Alma Divina está diciendo las palabras del rezo con mucho entusiasmo, una persona extraña se para al lado y empieza a hablar de la última película de un cineasta famoso. Y habla y nos confunde y molesta. Lo que hay que hacer es no prestarle atención en absoluto, ni siquiera hacerle un gesto, sino concentrase con mucha más fuerza en las palabras del rezo, como si esa persona no existiera.

De la misma manera, cuando estamos rezando o estudiando y nos ponemos a pensar en cualquier otra cosa, hay que saber que no debemos prestar atención a esos pensamientos y continuar rezando o estudiando con más ganas. Mientras el Alma Divina está rezando o estudiando, el Alma Animal está hablando de cualquier cosa…

Si aun así es muy difícil, el Alter Rebe indica otra forma de salvarse de esos pensamientos: que Le pidamos ayuda a Hashem. Porque, después de todo, el Alma Divina es una porción de Hashem (como se explicó en el capítulo 2), por eso, podemos rogar a Hashem que salve, en realidad, a una porción de Él mismo. Y pedirle que quite todos esos pensamientos que nos confunden tanto y nos impiden serviLo con alegría. Y Hashem, con seguridad, nos ayudará.

1 comentario en «Capítulo 28»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cuatro × tres =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.