En este capítulo el Alter Rebe da otro consejo para luchar contra la “Inclinación al mal”: bajarle la arrogancia.

(Los consejos que el Alter Rebe mencionó hasta ahora, están orientados a combatir, cada uno de ellos, una “enfermedad” diferente del alma. La “Inclinación al mal” es experta en su trabajo e intentará atraparnos de diferentes maneras, haciéndonos pensar en las cosas “malas” que nos pasan (cap. 26), haciéndonos pensar en cosas inapropiadas en cualquier momento (cap. 27 y 28) o entristeciéndonos (cap. 29). Esta vez intentará hacernos sentir orgullosos y mejores que otras personas).

Nuestros sabios1 dicen que siempre debemos ser humildes frente a todas las personas. aun así, la “Inclinación al mal” puede hacernos pensar que, después de todo, somos mucho mejores que otras personas: estudiamos Torá, cumplimos Mitzvot, e inclusive estudiamos Tania. Este sentimiento se llama arrogancia y es un sentimiento muy negativo porque nos impide avanzar realmente en nuestro servicio a Hashem.

La forma de salvarse de ese sentimiento es con otra frase de nuestros sabios2, que el Alter Rebe explica muy bien en este capítulo: “no juzgues a tu prójimo hasta que llegues a su lugar”. Porque “su lugar” lo hace transgredir la Torá. Entonces, si no estamos en ese mismo lugar, ¿Por qué lo juzgamos al otro para mal? ¿Quién dijo que no actuaríamos de la misma manera de estar en ese lugar?

Es como si dejásemos a un niño en una casa llena de caramelos… En algún momento no soportará la tentación y comerá caramelos. Es el lugar donde el niño se encuentra que lo hace portarse mal.

Pero hay algo más: puede ser que el niño de nuestro ejemplo tenga una pasión tan fuerte por los caramelos, que no pueda soportar no comerlos. Todos tenemos pasiones, pero cada pasión con una diferente intensidad, hay quienes no se preocupan por un caramelo, hay otros a quienes sí les gustan bastante, pero hay gente que se desespera por ellos.

Entonces, la forma de ver a otro judío que, Di-s libre y guarde, transgrede la Torá, no es pensando “Yo soy mejor”, sino pensando que el lugar donde se encuentra y la terrible guerra que tiene en su interior contra su “Inclinación al mal” le hacen actuar en contra de Hashem.

(En realidad, no es excusa, porque podría controlarse y no transgredir, como el Alter Rebe ya explicó, a través de pensar en el amor y temor a Hashem, pero ese es un problema de esa persona con Hashem, no una razón para sentirse mejor que él).

La clave está en darse cuenta de que hay una terrible guerra contra la “Inclinación al mal” dentro de cada persona, y, puede ser, que el otro tenga una guerra tan pero tan fuerte, mucho más que la nuestra, y no esté teniendo éxito, por ahora, en su lucha.

La pregunta que deberíamos analizar es: ¿Estoy luchando una guerra tan dura contra mi “Inclinación al mal”? O la cuestión está yendo bastante fácil, con algún que otro sobresalto aquí o allí. Porque si no estoy luchando tanto: ¿con qué derecho me siento mejor que el otro?

Dicho de otra manera, cuando rezamos: ¿estamos concentrándonos y luchando contra nuestra Alma Animal que nos impide rezar con ganas y entusiasmo? Cuando decimos bendiciones por las comidas: ¿las decimos con los pensamientos apropiados, diciendo cada palabra como corresponde? Cuando estudiamos Torá: ¿estudiamos mucho más de lo que estamos acostumbrados? Cuando damos de nuestro dinero a otro (tzedaká): ¿damos más de lo que nos resulta fácil dar? Si estamos hablando mal de alguien: ¿dejamos de hablar cuando nos damos cuenta que está mal lo que estamos haciendo o seguimos? ¿Estamos subyugando nuestro Alma Animal aún en las cosas permitidas por la Torá? ¿Somos cuidadosos con los decretos de nuestros sabios?

Todos estos ejemplos son casos en los cuales se necesita librar una guerra terrible contra la “Inclinación al mal” para poder progresar en el servicio a Hashem. Es muy fácil ver a otro que transgrede y pensar: “Yo soy mejor, no me comporto así”, pero… en el nivel en el que nos encontramos: ¿estamos realmente creciendo o sólo hacemos lo que nos resulta cómodo? Entonces, ¿por qué juzgamos al otro?

El Alter Rebe termina el capítulo con una advertencia a los estudiantes de la Torá: cuanto más se sabe de Torá, tanto más grave es no luchar esa guerra contra la “Inclinación al mal” porque, después de todo, el otro, a quien se está juzgando, no tiene las mismas herramientas (el conocimiento de Torá) para luchar contra su “Inclinación al mal”, pero, de un estudiante de Torá, Hashem espera que libre esa guerra con toda su fuerza.

1Mishna Avot 4:10

2Ibíd. 2:4

1 comentario en «Capítulo 30»

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