En este capítulo el Alter Rebe continúa con lo que venía explicando en el capítulo 31, sobre la verdadera alegría del judío. Porque hay veces en que vemos que necesitamos un empujón para sentirnos más alegres…

El consejo que da el Alter Rebe es pensar en cómo Hashem es realmente uno, único y es lo único que hay, pensar en cómo todo lo que hay a nuestro alrededor es insignificante frente a Hashem (está anulado a Él), menor aún que una letra en nuestro cerebro comparada con la capacidad del alma de pensar y frente a sus “Herramientas”, como ya explicó en los capítulos 20 y 21.

El Alter Rebe llama a este pensamiento “fe”, porque todos los judíos somos creyentes hijos de creyentes, y tenemos dentro de nosotros esta fe inquebrantable en la unicidad de Hashem.

Pensar un tiempo largo en esto tiene que generar una alegría enorme, al saber que estamos realmente muy cerca de Hashem. Él está en todos lados. Sólo que está oculto, y en eso consiste el objetivo de la creación de todo el universo, de la tierra, y del pueblo judío: hacer de este lugar una morada para Hashem, una casa para Él, donde Él esté revelado.

Aún cuando sólo estemos pensando en Hashem usando la “Vestimenta” de pensamiento del alma, estamos cumpliendo con el objetivo por el cual fue creado el mundo entero, porque Hashem está revelado en nuestro pensamiento.

Para entender por qué esta fe debe darnos una alegría enorme, el Alter Rebe da un ejemplo: imaginemos cuán feliz estaría un hombre simple, humilde y pobre, si el rey de su país decidiese ir a vivir en su misma casa, en su mismo cuarto, junto a él. Cuánto más aún nosotros, que con esta fe estamos haciendo a Hashem, el Rey de todos los reyes, vivir dentro de cada uno de nosotros, nuestra alegría debería ser realmente enorme.

Así como nos alegraríamos enormemente si nos enterásemos que hay una enorme herencia, muchísimo dinero, que nos legaron nuestros antepasados y, a pesar de no haber hecho ningún esfuerzo por obtenerla, nos corresponde sólo por ser descendientes de ellos. De la misma manera nuestros antepasados desde Avraham nos legaron esta fe en la unicidad de Hashem y en que Él vive con nosotros.

Nuestros sabios1 cuentan que Hashem nos entregó seiscientas trece Mitzvot en el Monte Sinaí. Muchos años después, el profeta Javakuk dijo2 que hay una sola Mitzvá con la que el Justo vive y está entusiasmado: la fe en Hashem. Aparentemente, hay muchas Mitzvot en las cuales deberíamos tener ganas y entusiasmo, no sólo una. ¿Por qué Javakuk dice “El Justo vive con la fe”?

La idea es que a través de esta fe en la unicidad de Hashem, automáticamente estaremos tan felices y alegres de ser judíos y estar cerca de Hashem, que cualquier impedimento y dificultad para cumplir las Mitzvot nos parecerá una tontería, nada nos detendrá, ni nuestros propios problemas ni los problemas de los demás.

Por eso Javakuk dijo que “El Justo vive con la fe”, como si sólo hubiese que ocuparse de esta fe, para poder extraer de ello muchas ganas y entusiasmo en la observancia del resto de las Mitzvot.

Al final del capítulo el Alter Rebe da otra idea para estar alegres: no solamente debemos alegrarnos porque estamos viviendo con Hashem con esta fe, sino que debemos alegrarnos porque Hashem está feliz con nosotros.

Cuando pensamos mucho en esta fe en la unicidad de Hashem, Él está muy contento y tiene mucho placer, porque hacemos de este mundo, lleno de impurezas y oscuridad espiritual, un lugar puro e iluminado con la luz de Hashem. Y por eso todo judío debe alegrarse con la alegría de Hashem al hacer de este mundo una casa para Él a través de esta fe.

1Talmud Macot 24a

2Javakuk 2:4

1 comentario en «Capítulo 33»

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