En el capítulo anterior, el Alter Rebe explicó que, a través de la fe en la unicidad de Hashem, podemos estar muy alegres y tener mucho entusiasmo en la observancia de la Torá y las Mitzvot. En este capítulo, el Alter Rebe lleva esta idea un paso más adelante.

Nuestros patriarcas, Avraham, Itzjak y Iaacov, y todos los profetas, incluyendo a Moshe, el más importante de todos los profetas, pensaban en la fe en la unicidad de Hashem todas sus vidas, todos los días, inclusive todo el día. Siempre sentían la presencia de Hashem en sus vidas y hacían todo lo que Hashem quería.

De hecho, todo el pueblo judío sintió lo mismo cuando Hashem entregó la Torá. Pero fue un sentimiento tan fuerte, que no lo pudieron soportar1. Por eso Hashem mandó a construir un Templo móvil (el mishkán, en hebreo) donde esté revelada Su presencia, de manera de poder experimentar Su presencia sólo en ese lugar, y poder soportarla. También había una revelación de Hashem, o sea, se podía sentir la unicidad de Hashem, en el Gran Templo en Ierushaláim (beit hamikdash). El Alter Rebe explica este asunto en detalle en los últimos tres capítulos del libro.

Pero… hoy en día, ¿Dónde se puede sentir la presencia de Hashem? No tenemos Templo móvil ni Templo fijo… ¿Dónde está la “casa” de Hashem? Nuestros sabios2 dicen que hoy en día Hashem reside en la Torá, particularmente en las leyes de la Torá (halajá). Porque las leyes de la Torá son la Voluntad de Hashem, que Él quiere que en tal caso, la ley sea de tal manera, entonces, podemos sentir la presencia de Hashem en eso mismo que estudiamos. Es diferente cuando estudiamos, por ejemplo, una historia de la Torá, donde no se siente a Hashem revelado claramente, porque parece sólo una historia. Pero cuando estudiamos “lo que Hashem quiere”, obviamente, sentimos que eso está directamente relacionado con Hashem.

Todo esto está bien, es decir, nuestros patriarcas eran una “casa” para Hashem todo el tiempo, porque siempre sentían la unicidad de Hashem, y la entendían, pero nuestro intelecto es muy pequeño para entender semejante cuestión y nunca llegaremos a ser una “casa” para Hashem como Avraham o Moshe.

Entonces, dice el Alter Rebe, tenemos que saber que igual podemos volvernos una “casa” para Hashem: ¿Cómo? Estudiando leyes de la Torá de acuerdo al tiempo libre que tenemos en forma regular, todos los días.

Esto tiene que generar una alegría enorme y deberíamos estar muy agradecidos, porque nos volvemos anfitriones de Hashem cada vez que estudiamos Torá.

Y más aún, inclusive el resto del tiempo que no estamos estudiando Torá, también podemos ser una “casa” para Hashem. Por ejemplo, una persona que trabaja y gana dinero, cuando ayuda a otro con ese dinero (tzedaká), está santificando no sólo el dinero que le dio a la otra persona, sino también el resto del dinero ganado que usa para sus necesidades (comer, comprar ropa y demás), porque ganó todo ese dinero (el que dio y el que se quedó con él) con el objetivo de ayudar a otro.

De la misma manera en el estudio de Torá, dado que estudiamos realmente todo el tiempo que podemos, y el resto del tiempo tenemos que hacer otras cosas para vivir, como comer, dormir, etc., Hashem nos considera “su casa” todo el tiempo, no sólo cuando estamos estudiando.

Estas ideas que el Alter Rebe mencionó en los últimos capítulos, deberían darnos una alegría enorme y servirnos para tener mucho entusiasmo en el estudio de Torá y la observancia de Mitzvot. Pero, aun así, nunca tenemos que olvidarnos de que el cuerpo y Alma Animal siguen siendo burdos, sin refinar y necesitan de mucho trabajo para seguir progresando, y que la forma de trabajar con ellos es con amargura, como explicó el Alter Rebe en el capítulo 29.

No es un problema tener alegría y amargura a la vez, porque la alegría es por el Alma Divina y la amargura, por el Alma Animal.

1Talmud Shabat 88b

2Ibíd. Iomá 12a

1 comentario en «Capítulo 34»

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