En el capítulo anterior el Alter Rebe explicó que hay dos tipos de concentración (cavaná) que podríamos tener mientras cumplimos una Mitzvá: de tipo “ser humano” y de tipo “animal”.

El “Hombre intermedio”, el nivel al que todos podemos llegar, muchas veces sólo llega a tener concentración en sus Mitzvot de tipo “animal”, o sea, cumple las Mitzvot usando el “Amor oculto” que tiene como herencia de nuestros patriarcas. Puede pasar que se sienta mal al pensar: al final, soy como un animal… El Alter Rebe explica en este capítulo que no tiene por qué sentirse mal: los ángeles también son considerados animales.

Así como un animal hace cosas porque así es su naturaleza, los ángeles aman y temen a Hashem porque así son creados. Es instintivo y natural para ellos. Por eso son llamados en las profecías “Santos animales”.

El Alter Rebe explicará ahora en qué nivel espiritual “viven” las almas cuando fallecen y hasta dónde llegan las Mitzvot de acuerdo a qué estaba pensando la persona cuando las cumplía. Para eso, usa varias ideas tomadas de la parte más oculta de la Torá (cabalá) que, a veces, pueden ser muy complejas. Por eso, lo que viene ahora es una introducción para que podamos apreciar mejor la explicación del Alter Rebe.

Pensemos en un mapa. Un mapa es una representación gráfica de determinado territorio. El mapa de un país o de una provincia muestra cómo es ese país o provincia. Los ríos, las montañas, las diferentes regiones, etc. A través de ver el mapa, podemos tener una idea de cómo es ese lugar.

Lo mismo pasa con muchas de las ideas de la parte más profunda de la Torá (cabalá), son como un mapa de cómo Hashem crea el universo. Así como en un mapa uno identifica ríos que cruzan una tierra y ciudades de un país, así también en esa parte de la Torá, uno identifica niveles de la creación. A esos niveles se los llama mundos, esferas celestiales y muchos nombres más que representan algo que no podemos ver ni tocar. Son cosas muy profundas y complejas y nuestros sabios pusieron nombres a cada una de esas cosas y nos enseñaron qué significan.

El Alter Rebe hablará de los siguientes asuntos:

1) Los mundos de Emanación (atzilut), Creación (briá), Formación (ietzirá) y Acción (asiá). (No se refiere a mundos como los planetas, sino a algo espiritual). En ese orden, el mundo de Emanación es el más elevado, después el de Creación y así sucesivamente.

2) Las “Esferas celestiales” (sefirot). En los primeros capítulos el Alter Rebe ya mencionó algo sobre esto, lo llamamos las “Herramientas” del alma, herramientas intelectuales y emocionales. En realidad, el alma tiene esas “Herramientas” porque Hashem la crea a través de estas “Esferas celestiales”, y por eso las “Esferas celestiales” y las “Herramientas” del alma tienen los mismos nombres y funciones. En total son diez.

3) El Paraíso (gan eden). Hay muchos niveles de paraíso y cada mundo tiene su propio paraíso. Se trata del “lugar” (es algo espiritual, no un lugar físico) donde están las almas después del fallecimiento. Es como un “hotel de almas”, donde cada una “vive”. En ese lugar, el alma disfruta de la presencia de Hashem. Dependiendo del nivel del alma, así será el nivel de su “hospedaje”.

Volviendo al tema de los mundos, en el mundo de Emanación, Hashem está revelado de una manera muy fuerte. Pero como Hashem es imposible de entender, en este mundo se siente que Hashem existe y es todo, nada más importa, sólo Hashem.

En el mundo de Creación, Hashem está un poco menos revelado. Ahí ya se puede entender algo sobre Hashem, porque cuando Él se oculta un poco, permite que algo se pueda entender. Es un mundo donde sólo importa entender a Hashem y pensar en Él.

En el mundo de Formación, Hashem está menos revelado todavía. Ahí se siente amor y temor a Hashem. Lo importante ahí no es entender a Hashem, sino sentir amor y temor a Él.

En el mundo de Acción, Hashem está tan oculto que es difícil hasta sentir amor y temor a Él. Ahí lo importante es sentir que Hashem es el Rey, y hay que hacer lo que Él dice. Pero no se Lo entiende ni se siente amor y temor a Él.

Con esta introducción, podremos entender lo que el Alter Rebe explica en este capítulo. El Alter Rebe da una especie de tabla para mostrarnos dónde “viven” las almas y hasta dónde llegan las Mitzvot que hacemos, de acuerdo a la concentración que tengamos. Ahí va:

1) Si la concentración fue del tipo “ser humano”, el alma, después del fallecimiento, “vive” en el Paraíso del mundo de Creación, porque como cumplió las Mitzvot con una concentración intelectual, de entender y apreciar a Hashem, le corresponde disfrutar de Hashem en forma intelectual, entendiéndoLo. Pero, a diferencia del alma, la Torá y las Mitzvot cumplidas con esta concentración, se elevan más todavía, se unen a las “Esferas celestiales” del mundo de Creación, que son más elevadas que el Paraíso de ese mundo, permitiéndole al alma disfrutar de Hashem en una forma muy profunda.

2) Si la concentración fue del tipo “animal”, el alma “vive” en el Paraíso del mundo de Formación, porque como cumplió las Mitzvot en forma natural (con el “Amor oculto”), le corresponde disfrutar de Hashem en forma natural. Ahí también se encuentran los ángeles, porque ellos también sirven a Hashem en forma instintiva, ya que así son creados. Pero hay una diferencia entre las almas y los ángeles: los ángeles no pueden elegir entre amar o no amar a Hashem, esa es su naturaleza, entonces siempre “viven” en el Paraíso de este mundo. Pero las almas, como bajan a este mundo material y están dentro de un cuerpo y un Alma Animal y los subyugan para cumplir Mitzvot, se esfuerzan mucho para servir a Hashem, tienen un premio adicional: en Shabat y en el comienzo de cada mes (rosh jodesh), suben al Paraíso del mundo de Creación. Y ahí disfrutan de una manera mucho más profunda la presencia de Hashem. (Esto quiere decir que el “Hombre intermedio” tiene una ventaja por sobre los ángeles). La Torá y las Mitzvot cumplidas con esta concentración, a diferencia del alma, se elevan hasta las “Esferas celestiales” del mundo de Formación, por encima del Paraíso de ese mundo.

3) Los grandes Justos, como sirven a Hashem en forma muy especial, sus almas “viven” en el Paraíso del mundo de Emanación. Ahí sienten que Hashem es lo único que hay, de la misma manera que mientras vivían, pensaban todo el día en Hashem y hacían sólo lo que Él quería de ellos. Este tipo de servicio se lo conoce como “carroza”: así como una carroza está anulada a su conductor, los grandes Justos no tienen voluntad propia, están anulados a Hashem.

4) Si servimos a Hashem como un gran Justo de vez en cuando, por ejemplo, cuando rezamos, o en momentos especiales, podemos llegar al Paraíso del mundo de Emanación en ciertos momentos, pero no logramos “vivir” en ese lugar, sólo visitarlo de vez en cuando.

5) Si no tenemos concentración, o sea, cumplimos las Mitzvot porque estamos acostumbrados a hacerlo, sin pensar en el amor y temor a Hashem, esas Mitzvot no se elevan a ningún mundo, quedan aquí abajo…

¿Y qué importa dónde está el alma y hasta dónde llegan las Mitzvot que cumplimos? El alma, después del fallecimiento, vuelve al lugar espiritual desde donde bajó, de acuerdo al trabajo que hizo en este mundo, le corresponde “vivir” en alguno de los Paraísos de los mundos explicados. Las Mitzvot que fueron cumplidas a lo largo de toda la vida le permiten al alma disfrutar de Hashem inclusive por encima de ese Paraíso. O sea, si al alma le correspondía estar en el Paraíso del mundo de Formación, la recompensa por haber cumplido Mitzvot le permite disfrutar del mundo de Formación mismo (sus “Esferas celestiales”) que es mucho más elevado que su Paraíso.

Ahora el Alter Rebe explica qué pasa con la motivación. La motivación es lo que nos llevó a cumplir la Mitzvá, y puede ser una de tres opciones:

1) La mejor motivación se llama “en aras de la Mitzvá” (lishmá en hebreo). Esto significa que cumplimos la Mitzvá porque es un mandato de Hashem. Para que podamos tener esta motivación, debemos amar y temer a Hashem, por lo menos despertar el “Amor oculto” que tenemos por naturaleza. Porque, así como no haríamos algo por otra persona a menos que la apreciemos, es imposible hacer algo por Hashem, a menos que Lo queramos. Todo lo que estudiamos de Torá y las Mitzvot que cumplimos con esta motivación se elevan a Hashem, como fue explicado más arriba.

2) El próximo nivel es cumplir Mitzvot sin ninguna motivación (stam, en hebreo). Ni por Hashem ni por ninguna razón negativa, como quien cumple una Mitzvá porque está acostumbrado o porque así le enseñaron sus padres. Todo lo que estudiamos de Torá y las Mitzvot que cumplimos sin motivación, no se elevan a Hashem. Quedan como almacenadas aquí abajo a la espera de que volvamos a estudiar ese mismo asunto, o volvamos a cumplir esa misma Mitzvá con una buena motivación. Entonces, las dos Mitzvot, la que cumplimos sin motivación, y la que ahora cumplimos con una buena motivación se elevan juntas hacia Hashem.

3) El peor nivel de motivación se llama “no en aras de la Mitzvá” (shelo lishmá en hebreo). Esto significa que cumplimos la Mitzvá porque nos hace ganar algo, por ejemplo, que la gente nos respete. Se trata de una mala motivación, que no tiene nada que ver con Hashem, sino con nuestro propio beneficio. Todo lo que estudiamos de Torá y las Mitzvot que cumplimos con esta mala motivación, quedan como atadas a esa mala motivación y no se elevan a Hashem, hasta que nos arrepintamos de haber estudiado o cumplido la Mitzvá con esa mala motivación y ahí, ese estudio y esa Mitzvá que estaban atados y no podían subir a Hashem, se desatan y se elevan.

Al final del capítulo el Alter Rebe dice que, en algún momento, todos vamos a arrepentirnos de las cosas que hicimos mal, o con mala motivación, entonces, nunca debemos dejar de estudiar Torá y cumplir Mitzvot, aún si es con una mala motivación porque, con el tiempo, llegaremos a tener una buena motivación, hoy o mañana, de algún modo.

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