Al final del capítulo anterior el Alter Rebe explicó qué ocurre con la Torá y las Mitzvot que hacemos sin motivación, ni buena ni mala: no se elevan a Hashem hasta que volvamos a estudiar ese asunto o cumplir esa Mitzvá con una buena motivación.

Hasta ahora, entonces, hay dos componentes que afectan a la Torá que estudiamos y a las Mitzvot que cumplimos:

1) La concentración, o sea, el amor y temor a Hashem con el que cumplimos la Mitzvá, que puede ser de tipo intelectual (como un ser humano) o puede ser de tipo emocional (como un animal), algo explicado en los capítulos 38 y 39.

2) La motivación, o sea, por qué cumplimos esa Mitzvá, si es porque Di-s la mandó (lishmá) o porque queremos un beneficio de la Mitzvá (shelo lishmá) o porque sí (stam), algo explicado en el capítulo 39.

Cuando cumplimos una Mitzvá porque sí (esa es la motivación), esa Mitzvá no se eleva hasta las “Esferas celestiales” de ningún mundo (ver el capítulo anterior para saber qué son estos niveles), sino que llega solamente al mismo nivel que un ángel de ese mundo.

Por ejemplo, si nos ponemos tefilín porque estamos acostumbrados a hacerlo (ahí la motivación es porque sí) y no despertamos en el corazón amor y temor a Hashem a través de meditar en Su grandeza (ahí la concentración es de tipo “animal”, con “Amor oculto” natural a Hashem), entonces, esa Mitzvá de tefilín se elevará hasta el mundo de Formación, pero no se unirá a las “Esferas celestiales” de ese mundo, sino que llega sólo hasta el lugar (no físico, sino espiritual) donde “viven” los ángeles de ese mundo.

En este capítulo el Alter Rebe explica más sobre el tema de la motivación. Cuando estudiamos Torá con una mala motivación, por ejemplo para que digan que somos muy sabios, ese estudio no se eleva a ningún lado, y queda aquí abajo, en este mundo material.

El Alter Rebe plantea un problema con esto: la Torá es algo muy santo y elevado, es la Sabiduría de Hashem mismo, entonces: ¿Por qué es necesario tener concentración y buena motivación para que el estudio de Torá se eleve hacia Hashem? ¿No alcanza con el mérito mismo de la Torá para que ese estudio se eleve sólo?

Para responder a esta pregunta, el Alter Rebe explica que hay dos variables que juegan al mismo tiempo que definen cómo se percibe a Hashem en un mundo:

1) La reflexión de Hashem en ese mundo. ¿Qué es una reflexión? Es como un espejo chico que refleja la imagen de otro espejo más grande. La imagen en el espejo grande, se ve grande, pero cuando el reflejo en el espejo grande pasa a uno más chico, se ve más chica. Este ejemplo nos sirve para entender que Hashem se revela con mucha fuerza en el mundo de Emanación (el espejo grande), y de ahí se refleja al mundo de Creación (un espejo más chico), luego al de Formación y, por último, al mundo de Acción (el espejo más chico de todos). La reflexión que nos llega aquí abajo, es tan pero tan pequeña, que no somos capaces de sentir la presencia de Hashem.

2) Hay muchas “vestimentas” que van vistiendo y ocultado la energía de Hashem, hasta que se inviste en la “Cáscara brillante” (ver en el capítulo 7 sobre esta Cáscara) para dar vida a todas las cosas permitidas de este mundo. Es como una persona vestida con muchas ropas, que están una dentro de la otra. Podemos decir que la persona está investida dentro de muchas ropas. Así también, la energía vital de Hashem se inviste en muchas “vestimentas”.

Con estas dos ideas, el Alter Rebe explica que el estudio de Torá no se puede elevar sólo si estudiamos sin una buena motivación, porque, si bien no hay tantas “Cáscaras” que ocultan a Hashem en la Torá (porque cuando estudiamos Torá nos damos cuenta enseguida de que es algo relacionado a Hashem mismo), sin embargo la reflexión de Hashem en ese estudio es muy pequeña, porque estamos pronunciando las palabras con la boca y los labios, como si fuesen palabras materiales, que necesitan de algo espiritual que las pueda elevar hacia Hashem.

Dicho de otra manera: las palabras de Torá que decimos cuando estudiamos, son algo de este mundo, donde Hashem está oculto. Como si fuesen un cuerpo físico. Por eso ese estudio no puede elevarse a un mundo espiritual sólo. Necesita de algo más elevado que este mundo material: la motivación, que es como el alma para ese cuerpo.

Pero si estudiamos Torá con una buena motivación, esa motivación hace que el estudio se eleve hacia las “Esferas celestiales” de algún mundo, de acuerdo a la concentración que tuvimos (como “ser humano” o como “animal”). Y la reflexión de Hashem que hay en el lugar a donde se eleva la Torá estudiada con una buena motivación, hace que el alma disfrute mucho, mucho más de lo que disfrutaría por estar en el Paraíso de ese mismo mundo. Lo mismo pasa con cualquier Mitzvá hecha con una buena motivación.

(El Alter Rebe escribe en una nota que todo esto no se aplica sólo para el alma después de fallecida la persona, sino que aún en vida, cuando estudiamos Torá o cumplimos una Mitzvá con una buena motivación, de acuerdo al tipo de concentración, habrá un efecto en el mundo que corresponda (Creación, Formación o Acción), y ese efecto genera que Hashem mande a nuestro mundo material una energía extra. Más aún, incluso si el alma proviene de un nivel bajo, igualmente las Mitzvot cumplidas y la Torá estudiada tienen efecto en el mundo de Emanación, y desde ahí se proyectan hasta nuestro mundo).

Con estas ideas el Alter Rebe explica por qué nuestros sabios1 llaman al amor y temor a Hashem “las alas de la paloma”. La paloma se refiere a una Mitzvá, por ejemplo, tefilín, y cuando esa Mitzvá es cumplida con amor y temor a Hashem (que llamamos concentración), esa Mitzvá tiene “alas” y “vuela” hasta Hashem. Pero si la paloma no tiene alas (o sea, la Mitzvá fue hecha sin amor y temor a Hashem), es una Mitzvá igual y eso es lo principal, la acción, pero no “vuela”, así como una paloma sin alas no podría volar.

Pero hay un problema: el amor y temor a Hashem también son Mitzvot, entonces, ¿Cómo los vamos a llamar “alas”, o sea, algo secundario, cuando, en realidad, son lo principal y no lo secundario?

El Alter Rebe explica que el objetivo del amor a Hashem (del temor habla en el capítulo que viene) es servir como motivación para cumplir Mitzvot. Nosotros no estamos en el nivel de los Justos, para que podamos sentir verdadero amor a Hashem (para ellos el amor a Hashem es “la paloma” misma, no una “ala”). Por eso el amor a Hashem para nosotros es como un “ala”, porque ayuda a que “la paloma”, “vuele”, o sea, que otra Mitzvá se eleve a Hashem.

1Tikunei Zohar, Tikun 45

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