En este capítulo el Alter Rebe explica otro camino recto para llegar a amar a Hashem (en adición al del capítulo anterior), y lo llama un camino útil para toda persona y además implica un método muy fácil. Más aún, lo llama un camino absolutamente real y que llega hasta lo más profundo del corazón.

¿De qué se trata este camino? Si nos miramos en el agua, veremos que funciona como un espejo. O sea, así como cuando nos miramos en el agua, vemos nuestro propio rostro reflejado, de la misma manera cuando amamos a otra persona, ese amor es reflejado en el corazón de la otra persona, así despertando en esa persona amor por nosotros (esto lo escribe el Rey Salomón en sus Proverbios1).

Si este amor espejado funciona entre dos seres humanos, imaginemos cómo funcionaría entre Hashem y nosotros. Para ayudarnos a entender cómo se aplica esta idea a Hashem, el Alter Rebe da un ejemplo: un rey de carne y hueso, que muestra su enorme amor a una persona simple, desgraciada, arrojada en un basurero. ¿Cómo hace el rey para mostrar su amor? Baja desde su glorioso lugar con todos sus ministros y sirvientes, y levanta a esta persona simple desde el basurero y la lleva a su cuarto privado, el cuarto del rey, a un lugar donde nadie tiene permiso de entrar, y se acerca a ella, y la abraza, y le da besos y se une a ella totalmente.

¿Cómo se sentirá esa persona simple? Con seguridad la actitud del rey despertará en su corazón un inmenso amor por él, desde lo más profundo de su corazón.

Este mismo ejemplo se aplica a Hashem, que es el Rey de todos los reyes, el Santo, bendito sea. Analicemos parte por parte el ejemplo: la grandeza de Hashem es inmensa (es el rey del ejemplo), y hay muchísimos mundos espirituales (los cuartos del palacio del rey) y en cada mundo hay muchos ángeles (los ministros y sirvientes), que están constantemente alabando a Hashem.

A pesar de tener semejante cantidad de ángeles a Su servicio, Hashem dejó de lado todo eso y eligió al pueblo judío (la persona simple), lo sacó de Egipto (el basurero del ejemplo), le entregó la Torá (acercó a la persona simple) para que la estudie (el beso en el ejemplo). Ya aprendimos (en el capítulo 5) que cuando estudiamos y sabemos Torá, unimos nuestro intelecto y nuestra voluntad al Intelecto y Voluntad de Hashem (el rey que se unió a la persona simple en el ejemplo), y también aprendimos (en el capítulo 4) que cuando cumplimos una Mitzvá, Hashem nos abraza (que es la idea del rey abrazando a la persona simple).

En resumen:

Rey

Hashem

glorioso lugar

los mundos espirituales

ministros y sirvientes

ángeles

persona simple

el pueblo judío

lo sacó del basurero

los sacó de Egipto

la acercó

les entregó la Torá

la abrazó

observancia de Mitzvot

le dio un beso

estudio de Torá

se unió a ella

conocimiento de Torá

Después de explicar cada detalle del ejemplo, el Alter Rebe dice que este es el significado de la bendición que se dice antes de hacer cada Mitzvá. Decimos: “Bendito eres… que nos santificó con Sus preceptos”. “Santificó” es la misma palabra en hebreo que se usa para un casamiento (en hebreo kideshánu es santificó y kidushín es casamiento). Así como un hombre se casa con una mujer y se une a ella, de la misma manera Hashem se une a nosotros a través de la observancia de la Torá y las Mitzvot.

El Alter Rebe explica además que esta palabra “santificó” (kideshánu) también significa que Hashem nos elevó en santidad, nos hizo un pueblo santo, separado del resto de los pueblos de la tierra. Más aún, nos hizo santos tal y cual como Él mismo es santo. A través de cumplir una Mitzvá o estudiar Torá, nos unimos a Hashem y llegamos a ser tan santos como Él. Más aún, Hashem se vuelve como “nuestro Di-s” personal, como el Di-s de Avraham, el Di-s de Itzjak y el Di-s de Iaacov. Así como ellos, con sus méritos, se unieron a Hashem y Él se volvió el Di-s de ellos, nosotros, con nuestras Mitzvot, nos unimos a Hashem y Él se vuelve “nuestro Di-s”.

Por eso dijeron nuestros sabios2 que es una obligación levantarse frente a quien está cumpliendo una Mitzvá a pesar de que sea alguien simple, que no sabe de Torá, por la presencia de Hashem dentro de esa persona mientras está cumpliendo la Mitzvá.

Hasta aquí el Alter Rebe explicó este camino recto para llegar a tener amor a Hashem revelado en el corazón. Pero, después de pensar en lo mencionado hasta aquí, puede ser que aún no sintamos ese ardor y excitación en el corazón que el Alter Rebe describe. Esto puede ocurrir porque todavía no hemos refinado suficientemente nuestro cuerpo y Alma Animal como los patriarcas y, automáticamente, el cuerpo y el Alma Animal continúan ocultando la presencia de Hashem al Alma Divina. Entonces, podría parecernos que no sirve pensar en que Hashem está con nosotros, y nos sacó del basurero y nos abraza con cada Mitzvá y nos besa con el estudio de Torá, porque en realidad, de cualquier manera, no sentimos amor por Él.

Para resolver este problema, el Alter Rebe cita un versículo3 de los salmos, donde el salmista dice: “Y yo soy un tonto y no sé, [soy como] animales contigo, y siempre estoy contigo”. Y explica así: a pesar de que seamos como un animal, que no sabe ni siente la presencia de Hashem de manera de sentir temor y amor a Él, sin embargo “siempre estoy contigo”, porque el cuerpo no puede impedir la unión del alma con Hashem, sólo impide que la sintamos y seamos conscientes de esa unión. Dicho de otra manera, cuando cumplimos una Mitzvá o estudiamos Torá, estamos junto a Hashem, aunque no nos demos cuenta de ello.

Con esta idea, explica el Alter Rebe, entenderemos un asunto complejo. Los castigos por transgredir la Torá se aplican a todos los judíos por igual, sea un Justo (tzadik) o una persona simple e ignorante. Pero, aparentemente, es injusto. ¿Cómo Hashem puede castigar de la misma manera a alguien que sabe y entiende lo grave de lo que está haciendo (un Justo) como a alguien que no sabe y no entiende (un ignorante)? Y la respuesta es que la diferencia entre el Justo y el ignorante es que el Justo siente la santidad de una Mitzvá, mientras que el ignorante no. Pero aunque el ignorante no sienta la santidad de lo que está haciendo, no deja de estar haciendo algo santo. Y cuando transgrede la Torá, está faltando el respeto a la santidad de Hashem dentro de esa Mitzvá. Por eso es castigado de igual manera que un Justo.

El Alter Rebe termina este capítulo con una aclaración. El versículo de los salmos usa la palabra “animales”, para indicar que no sentimos y no conocemos a Hashem. Pero la palabra está en plural, como indicando que hay varios tipos de animales que no sienten ni conocen a Hashem. Inclusive en los mundos espirituales muy elevados, tampoco se siente ni conoce la esencia misma de Hashem. Ellos también son como animales frente Hashem.

1Mishlei 27:19

2Talmud Kidushín 33a

3Tehilím 73:22-23

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