En los últimos capítulos, el Alter Rebe explicó varias formas de llegar a despertar amor a Hashem en el corazón. En este capítulo, el Alter Rebe explica un nivel de amor a Hashem que es bien diferente. Para entender la diferencia, el Alter Rebe usa el ejemplo de la plata y el oro. El oro es mucho más valioso que la plata. Todas las formas de amor a Hashem explicadas hasta aquí, son como la plata, mientras que ahora el Alter Rebe explica la forma de amor a Hashem comparada con el oro.

¿Y cómo se despierta este amor a Hashem? En los capítulos anteriores el Alter Rebe dio la receta, por así decir, para despertar cada tipo de amor, pensar en que Hashem es nuestra vida y nuestro Padre que nos ama (capítulo 44), pensar en que Hashem nos saca del basurero y nos acerca a Él (capítulo 46), pensar en que Él deja todo por nosotros (capítulo 49).

Este nuevo nivel de amor a Hashem, el que es como el oro, se despierta pensando en la grandeza de Hashem, en cómo, en realidad, todo el universo es insignificante frente a Él (ver en los capítulos 20 y 21), y, siendo así, nuestro alma se encenderá de ardor y fuego por salirse del cuerpo y simplemente estar con Hashem: ¿¡para qué queremos este mundo material si no vale nada frente a Hashem!?

Esta fuerte sed por Hashem se siente en forma de que el alma se consume por causa del anhelo de estar con Él (klot hanefesh), al punto tal que el alma se separa del cuerpo y termina con la vida física; la persona que llega a este nivel se muere literalmente de amor por Hashem. En las palabras de nuestros sabios1, este sentimiento se denomina avanzar y acercarse a Hashem (ratzo).

Pero hay un problema. Aprendimos en el capítulo 36 que la razón por la cual Hashem crea el universo entero es para tener una “casa” en este mundo material, y aprendimos que eso se logra a través de estudiar Torá y cumplir Mitzvot con entusiasmo. Y ese es el objetivo de todas las formas de amor a Hashem que el Alter Rebe explicó hasta ahora.

Pero la sensación que genera este amor como el oro es otra, es una sensación de irse de este mundo, lo opuesto a estudiar Torá y cumplir Mitzvot. Entonces, ¿para qué sirve esta forma de amor? ¡Hashem no nos da vida para que nos muramos!

Para responder a este problema, el Alter Rebe explica que este nuevo tipo de amor tiene que venir acompañado por otra idea: aunque no nos guste, el motivo por el cual existimos es estar en este mundo material estudiando Torá y cumpliendo Mitzvot. Por eso, junto con la sensación de querer irnos de este mundo, debe estar claro que eso no es lo que Hashem quiere de nosotros, sino que Él quiere que Lo proyectemos a Él en este mundo material, que revelemos Su gloria aquí abajo y hagamos de este mundo una morada para Él. En las palabras de nuestros sabios2, esta idea se denomina retornar al mundo material y alejarse de Hashem (shov).

Estos dos sentimientos, el de avanzar (ratzo) y el de retornar (shov) se combinan en forma constante, o sea, quien llega a este nivel de amor a Hashem tiene en su interior un movimiento constante de acercarse a Hashem y alejarse de Él. Cuando avanza y se acerca a Hashem, debe saber que finalmente deberá retornar, pero, cuando retorne, nunca deberá involucrarse tanto con el mundo material hasta el punto de olvidarse de Hashem, sino que deberá avanzar y así es como pasa la vida entera, avanzando y retornando, avanzando y retornando.

1Sefet Ietzirá 1:8

2loc. cit.

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