En este capítulo el Alter Rebe continúa desarrollando el ejemplo que comenzó en el capítulo anterior.

En el punto 2 de la relación entre el alma y el cuerpo (del capítulo anterior) el Alter Rebe dijo que el principal lugar donde el alma se revela en el cuerpo es en el cerebro. De la misma manera, ocurre con “La Luz infinita”: el principal nivel en donde se revela la proyección general de energía de Hashem para dar vida a los mundos y a todas las criaturas es en el “cerebro” Divino, es decir, en los niveles de la Voluntad (ratzón), la Sabiduría (jojmá), el Entendimiento (biná) y la Comprensión (daat) del mundo de Emanación (atzilut) (ver en el capítulo 39 para una explicación de los mundos espirituales).

A su vez, este nivel de “cerebro” Divino está dentro de la Torá y las Mitzvot. Hashem, queriendo que una ley sea de una determinada manera, constituye el nivel de Voluntad. El conocer y entender las razones de las Mitzvot está representado por los niveles de Sabiduría y Entendimiento.

Después, el nivel de “cerebro” Divino se manifiesta, o sea, se revela a través de otro nivel que se llama Reinado (maljut). Este nivel se encarga de dar a cada mundo y a cada criatura la vitalidad necesaria para funcionar según su tarea. Es como el punto 3 de la relación entre el alma y el cuerpo del capítulo anterior. Esto es a lo que nuestros sabios llaman en general la “Presencia” de Hashem (shejiná).

Pero la cosa no termina ahí. La energía de Su “Presencia” es tan poderosa que no puede revelarse tal y cual es en los mundos, porque éstos no podrían soportarla. Entonces, Hashem oculta Su “Presencia” en una especie de vestimenta que le permita manifestarse en todos los mundos, en cada uno según su capacidad.

¿Y en qué consiste esa vestimenta? Si Su “Presencia” es la fuente de vida de todos los mundos, ¿qué cosa podría ocultar esta revelación de Hashem? Obviamente algo que sea más elevado que Su “Presencia” misma. Eso es la Voluntad, la Sabiduría y el Entendimiento de Hashem que están dentro de la Torá y sus Mitzvot.

Pero aquí surge un problema lógico. Si los mundos no pueden soportar la revelación de la “Presencia” de Hashem, ¿cómo podrían soportar algo superior aún, la revelación de Su “cerebro” Divino (Sabiduría, Entendimiento y Comprensión)? Por eso el Alter Rebe explica que la Torá y sus Mitzvot bajan a este mundo hasta materializarse y en cada mundo se revelan de manera que ese mundo las pueda soportar, llevando en su interior, aunque oculta, la “Presencia” de Hashem (shejiná).

El Alter Rebe explica a continuación, en detalle, cómo es el descenso de la Torá desde su fuente, en la Sabiduría del mundo de Emanación, hasta este mundo material llevando consigo a Su “Presencia”.

Pero para entender esta idea, primero es importante saber que cada mundo tiene un “cerebro” diferente. O sea, no es igual el nivel de Sabiduría del mundo de Emanación que los de Sabiduría de los mundos de Creación, Formación o Acción. Pero tienen en común que, en cada uno de esos mundos, están los niveles de Sabiduría, Entendimiento y Comprensión (ver en el capítulo 3 sobre estos niveles), un “cerebro” Divino que corresponde a ese mundo.

Entonces así es como baja la Torá con Su “Presencia”: primero surge en el “cerebro” del mundo de Emanación y se inviste en el Reinado (maljut) de ese mundo. Luego el Reinado del mundo de Emanación se inviste en el “cerebro” del mundo de Creación, para luego bajar hasta el Reinado de ese mundo. Luego el Reinado del mundo de Creación se inviste en el “cerebro” del mundo de Formación, para después bajar al Reinado de ese mundo. Luego, el Reinado del mundo de Formación se inviste en el “cerebro” del mundo de Acción.

En ese descenso van apareciendo las fuentes espirituales de las diferentes partes de la Torá: el Talmud surge en el “cerebro” del mundo de Creación, porque en ese mundo se siente que se puede entender a Hashem y de eso se trata el Talmud, los razonamientos y los por qué de cada Mitzvá, la idea de entender.

La Mishná surge del “cerebro” del mundo de Formación, porque en ese mundo se siente amor y temor a Hashem, no intelecto, sino emociones, y de eso se tratan las leyes (halajot) de la Torá y la Mishná, leyes resueltas, lo que se puede hacer y lo que no, sin los razonamientos. Lo que se puede hacer surge de la cualidad Divina de Bondad y lo que no se puede hacer surge de la cualidad Divina de Severidad.

A través de que la “Presencia” de Hashem desciende y se inviste en el “cerebro” de cada mundo, se proyecta vitalidad y energía a todas las criaturas, como ángeles y almas de ese mundo particular. Pero su raíz primaria, es la proyección general de energía de Hashem para dar vida a todos los mundos que comienza en el “cerebro” Divino del mundo de Emanación.

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