Charlando con una persona, me mencionó como sorprendente novedad una noticia de la comunidad local. Un poco enojado remarcó que él no se había enterado del asunto y ya era tarde para participar. Como para calmarlo un poco le comenté que la información había sido distribuida por correo electrónico, que estaba disponible para quien le interese participar. Sin embargo eso no lo calmó: "¡No tengo computadora!", fue la respuesta.

Quizás por eso es que el hombre pensó e implementó la idea del periódico, hasta llegar al diario, que se actualiza diariamente (como su nombre lo indica). Una forma de mantener informado al público de los acontecimientos locales, nacionales y mundiales.

Este sistema funciona bien, pero requiere de una condición (entre otras): que uno adquiera el diario. Es decir, por un lado están los que no quieren la información y la reciben igual, así como al caminar por la calle (algo tan sencillo y natural) uno es bombardeado por cientos de datos de información muchas veces "indeseable"; y por el otro lado están los que quieren la información, quieren participar de lo que pasa, y no les llega.

Evidentemente nos encontramos ante un problema. Años atrás, la forma de entrarse de las cosas era ir a la sinagoga. Ese era el centro de la vida judía, donde circulaban todo tipo de asuntos, desde el estudio de la Torá hasta noticias de los más audaces negocios disponibles. Pero funciona igual que el diario: hay que ir...

Es fundamental, para el bienestar de toda comunidad, generar espacios para cada tipo de gente en la comunidad misma, donde cada uno sepa que la información está disponible en su espacio, en forma clara y a tiempo.

El extremo sería comprar una computadora para cada miembro y enseñarle a usarla, pero quizás es suficiente con, de tanto en tanto, tocarle el timbre a una persona y decirle "¡Shalom!"

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