En la sección semanal la Torá nos cuenta sobre la reacción de Iaacov cuando escuchó que su hijo Iosef estaba vivo, luego de 22 años de pensar que estaba muerto. El versículo dice: "y revivió el espíritu de Iaacov".

Nuestros sabios cuentan que Iaacov sólo creyó que Iosef estaba vivo cuando vio que no se había olvidado nada de lo que había estudiado en su casa, y que seguía comportándose como judío en Egipto (el peor lugar del mundo en aquella época) y luego de 22 años de separarse de su padre.

Es revitalizador y energizante, da esperanza y llena a uno de ilusión ver que sus hijos transitan por el camino adecuado.

No alcanzaba con que Iosef esté vivo y punto. La verdadera vida de Iosef debía estar conectada con las tradiciones y enseñanzas que se llevó a Egipto de la casa de su padre. Eso es vida.

¿De dónde sacó Iosef fuerza para mantener su judaísmo intacto tanto tiempo y tan lejos? En la casa de Iaacov se vivía judaísmo. Y no solamente eso, sino que judaísmo 100%, sin concesiones, sin reducciones, sin vueltas.

La historia de Iosef es la historia de todos y cada uno de nosotros. Nosotros estamos en una tierra extraña, entre gente extraña con costumbres extrañas. La única forma que tenemos de asegurar el judaísmo de nuestros hijos y nietos es 1) vivir el judaísmo. Ser un ejemplo vivo para nuestros hijos y 2) vivirlo 100%.

Sólo así podremos "revivir" el espíritu de nuestro Padre que está en los Cielos y traer la Redención final y completa rápido en nuestros días.

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