La sección de ésta semana se llama Shminí - el octavo [día]. Después de que Betzalel y Oholihav construyeron, junto con todos aquellos que deseaban ayudar y con los materiales donados por todo el pueblo, el Mishkán - el santuario móvil en el desierto, Moshé lo armó y desarmó durante siete días, enseñándole a Aharón y sus hijos cómo debían trabajar en el mismo.

En el comienzo del mes de Nisán, el octavo día desde que Moshé había construido el santuario, Moshé lo levantó y no volvió a desarmarlo (hasta que hubo que viajar de ese lugar).

En ese día Moshe llamó a todo el pueblo judío para que se reúnan frente a la puerta del santuario y vean cómo Di-s mismo había elegido a Aharón para ser el Sumo Sacerdote (Cohen Gadol). Luego de seguir las detalladas instrucciones divinas sobre cómo debían ofrendarse los sacrificios de inauguración, apareció un fuego del cielo que consumió los sacrificios sobre el Altar, a los ojos del pueblo allí reunido, hasta que el pueblo cantó y se prosternó anta la magnífica visión.

A pesar de tratarse de un relato casi anecdótico, histórico, de algo que nunca va a ocurrir de nuevo, ya que las circunstancias y los participantes ya no volverán a repetirse, debemos extraer alguna enseñanza para nuestras vidas hoy en día en cada lugar en donde nos encontramos. Esto surge que la palabra Torá viene de la palabra hebrea horaá - enseñanza, de manera que todos los asuntos de la Torá son enseñanzas eternas.

La construcción del santuario puede entenderse de la siguiente manera: Di-s dice "Y construirán un santuario para mí y moraré dentro de ellos", sobre lo que nuestros sabios explican que cada persona debe hacer de sí mismo un santuario para que la presencia divina resida dentro de él. Y para poder realizar esta construcción en el corazón de cada uno, hay encargados, líderes comunitarios que aceptan sobre sus hombros la dirección y guía (obviamente basados en el mandato divino) de tal edificio santo. Ellos son los Betzalel y Oholihav de cada generación, que dan de su tiempo y sabiduría para llevar a la realidad el santuario divino. En otras palabras, personas desinteresadas que dedican parte de su vida (sino toda su vida) al beneficio de los demás, para generar los espacios adecuados, los medios y los contenidos necesarios para nutrir a la comunidad de idishkait - auténtico judaísmo.

Volviendo a la parashá, a Di-s no le alcanzó con que los encargados hubieran construido el espacio siguiendo las enseñanzas divinas al pie de la letra, no le alcanzó con que Moshe hubiera trabajado por siete días en ese espacio (el santuario), no le alcanzó con que Aharón hubiera ofrendado todos los sacrificios con todos los detalles extensivos que aparecen en la Torá sobre cómo debía hacerlo, sino que El quería que el pueblo viese con ojos de carne y hueso Su presencia, que pudiesen sentir, tanto como Moshe, Aharón y los demás líderes, que lo que estaba ocurriendo era lo correcto, bueno y deseado por Di-s.

Esto nos deja una enseñanza muy importante: es verdad que los líderes comunitarios se esfuerzan para llevar adelante a la comunidad, que cada uno da lo mejor de sí, en términos económicos y/o en términos de sus conocimientos profesionales y/o en mano de obra y buena voluntad, pero la bendición de Di-s se encuentra sólo cuando se siguen Sus enseñanzas. ¿Cómo vemos esto? El pueblo sólo vio la presencia divina luego de que se siguieron al pie de la letra los requerimientos divinos. Recién ahí aceptaron el liderazgo de Aharón como Sumo Sacerdote y de sus hijos como familia de sacerdotes. Dicho de otra manera, sólo cuando los líderes comunitarios generan una comunidad de acuerdo a las enseñanzas de la Torá, el pueblo sigue a los líderes y llena los espacios que generan.

Al punto tal es la bendición de Di-s cuando se siguen sus enseñanzas que hasta en el desierto, es decir, hasta en los lugares más inhóspitos de la tierra para el judaísmo, en el exilio y la oscuridad, puede construirse un santuario, un lugar donde la presencia divina se revele en forma concreta y material, para dar bendición tanto al pueblo como a sus líderes.

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