En un boletín semanal ligado a asuntos de Torá es lógico que aparezcan pensamientos relacionados a la lectura semanal de la Torá. Sin embargo, en consonancia con la conocida enseñanza del Baal Shem Tov, que de todo lo que uno escucha o ve debe aprender algo en su servicio a Di-s, es lógico que se pueda aprender algo de los eventos de la semana.

Desde una visión más profunda, el Alter Rebe, fundador del Movimiento Jabad, solía decir que uno debe vivir con los tiempos, es decir, extraer enseñanzas que den vida, porque surgen de la Torá de Vida, de la lectura semanal de la Torá. O sea, que debe haber algún vínculo entre la lectura semanal y los eventos semanales.

Ahora bien, lo que continúa es sólo una opinión personal, obviamente puede ser aceptada o no, criticada, etc. se trata simplemente de mi visión particular de una cuestión y no debe ser sacada de contexto ni aplicada a otra gente.

En la sección de esta semana, llamada Shminí (octavo) leemos sobre la muerte de los dos hijos mayores de Aharón, Nadav y Avihú. Nuestros sabios discuten sobre la causa de su muerte, unos dicen que estaban sirviendo a Di-s borrachos, otros dicen que hicieron una ofrenda no deseada y otros dicen que faltaron el respeto al enseñar delante de Moshe. Sea como fuere, la Torá nos cuenta sobre la reacción de Aharón (Shmot 10:3): "[...] y Aharón guardó silencio". En ningún momento se percibe una queja, un cuestionamiento frente a tamaña tragedia: sus dos hijos mayores acaban de fallecer, y él "guardó silencio".

Una forma de entender esta actitud es observar la continuación de los eventos, donde Aharón continúa trabajando en el Mishkán hasta el día de su fallecimiento. O sea, en lugar de quedarse inmovilizado por lo que le pasó, siguió adelante con su tarea.

Otra forma de verlo es que no hay que intentar racionalizar aquellos asuntos que están más allá de nuestro alcance. Después de todo somos (nada más que) seres humanos y no podemos pretender entender los designios de Di-s. Sin embargo si debemos extraer enseñanzas de las ocurrencias que están a nuestro alrededor en general, y más aún cuando nos tocan de cerca.

La gente dice que hoy (27 de Nisán) es Iom haShoá, cuya traducción sería algo como el día de la desolación / destrucción, en directa alusión al mal llamado Holocausto, el sistemático asesinato de seis millones de judíos a manos del régimen Nazi hace sólo 70 años.

Digo "la gente dice", porque, en mi opinión, no hay un día particular para recordar un evento así. Nuestros sabios establecieron que recordemos ciertos días específicos del año, como el ayuno del 9 de Av, para que tomemos conciencia de que realmente estamos en exilio y todavía no fuimos redimidos. Alguno podría argumentar que, si estuviesen "Nuestros sabios" decretarían un día así, o utilizar alguno otro argumento, pero la realidad es que, a mi parecer, todos los días es Iom haShoá.

Shoá, como dije, significa desolación, destrucción. No debe ser tomado como un evento que ocurrió hace 70 años y hoy lo recordamos, sino que debe ser un sentimiento en el corazón de cada judío y judía: hoy también vivimos una Shoá. Y hasta peor: hace setenta años el enemigo era claro, estaba revelado y a la vista de todo el mundo literalmente. Hoy en día el enemigo está oculto, es sutil y hábil. El enemigo es la falta de vida judía que se sufre en cada casa. El enemigo es la indiferencia (y a veces hasta burla) hacia lo que es nuestro, santo y eterno. El enemigo es la entrega de la gente a los valores de la sociedad, dejando de lado nuestros propios valores de vida.

Está de moda decir que se "educa en valores", pero uno debe preguntarse: ¿qué valores? La sociedad también tiene valores, y muchos positivos, pero no son nuestros valores. Más aún, aún si coincidiese el conjunto de valores, no serían los mismos, porque unos, los de la sociedad, están basados en el común acuerdo de un grupo de gente, filósofos, educadores, pensadores, etc., y los otros, los verdaderamente nuestros, están basados en Di-s. Y la diferencia es muy simple: si algo está basado en el intelecto humano, está sujeto a cambio, según el lugar, la época, la circunstancia, etc. Un valor basado en la Torá, en Di-s, no está sujeto a cambio y se aplica en todo lugar, siempre.

Entonces, ¿qué podemos aprender del hecho de que la gente habla de un Iom haShoá? Debemos saber que no alcanza con no olvidar o con recordar, sino que cada uno debe pensar ¿qué estoy haciendo para evitar la actual desolación del pueblo judío? Más aún, ¿qué estoy haciendo para evitar mi propia destrucción como judío?

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