Estos días son parte de una época en el año judío de semi duelo. Se trata de la preparación para Tishá beAv, el 9 del mes de Av. Básicamente, es el día en que ocurrieron grandes tragedias en la historia del pueblo judío. Es un día oscuro, como si fuese algo seco y áspero. Así es el exilio, pero ¿por qué?

El otro día, en una conversación sobre Torá, una persona me preguntó algo cuya explicación puede ayudarnos a entender algo de este exilio. La pregunta era así: Leemos en la Torá historias en las cuales se ve que Di-s estaba revelado: ¿por qué hoy en día no está así de revelado?

De hecho, esta semana leemos la parashá Devarím (Palabras), la primera del último libro de la Torá. Sobre este libro dicen nuestros sabios que "Moshe lo dijo por sí mismo", o sea, los primeros cuatro libros de la Torá fueron dichos por Moshe en forma de enviado de Di-s, donde Di-s hablaba con Moshe y Moshe con el pueblo judío, mientras que el último libro, Devarím, Moshe hablaba con Inspiración Divina (ruaj haKodesh).

La diferencia radica en cómo la Torá permeaba la vida de Moshe: en los primeros cuatro libros, Moshe profetizaba la Torá. Esta era algo por sí mismo, y Moshe era algo por sí mismo. En el libro de Devarím, la Torá y Moshe eran una sola cosa, la Torá había descendido para investirse en Moshe y formar parte de su esencia.

Ahora bien, ¿por qué era necesario este descenso en la trasmisión de la Torá? Al final de los cuarenta años de deambular por el desierto, Moshe recuenta toda la Torá al pueblo judío que iba a entrar en la Tierra de Israel. Esta gente iba a tener que arar, sembrar, cosechar y demás trabajos, dejando atrás el confort del desierto, donde caía pan del cielo, salía agua de un pozo milagroso y otras comodidades que hacían que la gente no tenga que esforzarse en lo más mínimo para vivir.

Esta transición entre el desierto y la Tierra de Israel fue, por un lado, un descenso espiritual muy profundo y, por el otro, un paso más hacia la realización del objetivo por el cual Di-s creó todo el universo: tener una morada para El. Esta morada se puede lograr únicamente estando involucrados con el mundo alrededor y refinándolo (con el estudio de Torá y observancia de Mitzvot), como si dijésemos, estando en la Tierra de Israel y no en el desierto.

Por eso, para gente que iba a estar más en contacto con la realidad material de la vida, era necesario una transmisión de información más "real", un Moshe que dijese la Torá desde su propia boca, más "rebajada" para la realidad que la gente vivía, más "humanizada".

Con esta explicación podremos comprender mejor nuestra pregunta: a medida que pasan las generaciones, vamos descendiendo más y más espiritualmente hablando y, al mismo tiempo, vamos "conquistando" nuevos lugares para esta morada que Di-s quiere, vamos llevando a Di-s a nuevos lugares. Si Di-s estuviese revelado como lo estuvo en la época del desierto, no podríamos hacer el trabajo de revelarlo en los lugares más recónditos de la tierra (o, ya que el hombre es como un mundo pequeño, en los lugares más recónditos y oscuros de nuestra propia vida), ¡porque El mismo ya estaría revelado!

Por eso el exilio es seco, áspero y oscuro: Di-s está oculto, pero eso es parte del sistema. Como un padre jugando a las escondidas con su hijo pequeño: el ocultamiento del padre genera excitación en el hijo para buscarlo y encontrarlo. Esta idea debe servirnos como fortalecimiento y esperanza, de manera que cuanto Di-s más oculto está, tanto más cerca estamos de la Redención Final. Que este Tisha beAv se transforme en alegría y regocijo, con la venida de Mashíaj ¡YA!

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