En la sección de esta semana, Vaietzé (y salió), se relata cómo Iaacov se fue de su casa hacia Jarán, en búsqueda de la casa de su tío, Laván. En el camino Iaacov se acuesta a dormir en el Monte Moriá, donde, muchos años después, se construiría el Beit HaMikdash, el Templo.

Nuestros sabios cuentan que Iaacov, antes de ir hacia Jarán, pasó catorce años en la casa de estudio de Shem y Ever, donde no durmió ni siquiera una noche. Siendo así, ¿por qué Iaacov decidió dormir su primer descanso justamente en un lugar tan santo?

La idea del dormir simboliza un descenso espiritual muy profundo. La virtud del ser humano se expresa cuando está de pie: recién ahí pueden identificarse su cabeza por sobre todo (el intelecto), su corazón en el medio (emociones) y sus piernas abajo (su fuerza de acción). Mientras que cuando está recostado, todos los miembros pasan a a estar en el mismo nivel.

A su vez, la parte superior del hombre simboliza su cara espiritual, y la parte inferior su cara material. Lo normal es que lo espiritual esté por sobre lo material, pero cuando duerme, ambas caras están al mismo nivel.

Por el otro lado, estas diferencias pueden estar expresando una idea opuesta: las diferencias entre cabeza, cuerpo y piernas existen dentro del marco de un mundo limitado, un mundo material con definiciones precisas y específicas, cada nivel ocupa su espacio. Sin embargo, frente a Di-s mismo, que es Infinito, lo espiritual y lo material son iguales.

Esto es lo que simboliza el sueño de Iaacov en el lugar sagrado del Templo. Justamente por ser un lugar tan santo, donde se expresa y se revela la esencia misma de Di-s en Su infinitud, Iaacov sintió la necesidad de dormir, o sea, de mostrar que frente a ese nivel de revelación divina, lo espiritual y lo material son iguales.

En ese momento le fue dada a Iaacov la capacidad de unir lo espiritual con lo material, capacidad que tomó forma en la Entrega de la Torá a sus descendientes. Precisamente antes de llegar a Jarán, donde Iaacov formaría las tribus del pueblo judío, necesitaba esta fuerza, para inculcarla a sus hijos que más tarde tendrían la misión de revelar la espiritualidad en la materialidad del mundo, traer a Di-s a la tierra.

El final de este trabajo lo veremos con la venida de Mashíaj, rápido en nuestros días.

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