¡Comenzamos la segunda parte del Tania! Esta parte se llama “Portal de la unicidad de Di-s y la fe” (Shaar haIjud veHaEmuná) y habla sobre que Hashem1 es lo único que hay. O sea, no solamente hay un sólo Di-s, sino que ese Di-s es la única verdadera existencia2. En otras palabras, Hashem es todo. Este concepto de que Hashem es la única verdadera existencia, lo llamamos “Unicidad de Hashem”.

El Alter Rebe escribe una introducción a la segunda parte, a la que llama “Educación del niño”, en la que también menciona aquello que escribió en la portada de la primera parte del Tania, que ésta segunda parte está llena de ideas que él tomó de diferentes libros y sabios santos3.

En la introducción, que lleva a entender el objetivo de esta segunda parte del Tania, el Alter Rebe plantea una cuestión. El rey Salomón dijo4: “Educa al niño según su camino, aún cuando envejezca, no se moverá de él”. El tema es que si se trata del camino del niño, o sea, su camino personal, ¿Cuál es la ventaja en que al envejecer no se moverá de ese camino? ¿Y si ese camino sólo servía para cuando era niño? Quizás al crecer y madurar, deba cambiar de camino…

Para explicar a qué se refiere el versículo, el Alter Rebe dice que el amor y el temor a Hashem son el fundamento de la observancia de todas las Mitzvot5, tanto las positivas como las prohibitivas, esto incluye los preceptos rabínicos. O sea que para ser capaces de cumplir las Mitzvot como corresponde, debemos tener amor y temor a Hashem.

Pero hay dos niveles de amor a Hashem en general. Uno que viene de arriba, por así decir, y el otro que debe ser generado por cada uno. ¿Qué quieren decir estos dos niveles de amor a Hashem?

El primero, el que viene de arriba, es un sentimiento de anhelo y deseo muy fuerte por Hashem en el corazón.

En el capítulo 50 de la primera parte del Tania el Alter Rebe dice que, a través de la meditación en la grandeza de Hashem, el alma se consume por causa del anhelo de estar con Él (klot hanefesh), al punto tal que el alma se separa del cuerpo y termina con la vida física; la persona que llega a este nivel se muere literalmente de amor por Hashem.

Meditar significa pensar detenidamente sobre un asunto durante un tiempo. Ese tiempo no está estipulado por nuestros sabios ni es igual para todas las personas y tampoco es igual en todos los momentos de la vida, sino que depende de la práctica que cada uno tenga, los conocimientos sobre los cuales meditamos, la capacidad intelectual y muchos otros factores, como el estado de ánimo y demás.

Nuestros sabios dicen6 que los piadosos, antiguamente, utilizaban una hora entera para prepararse antes del rezo y rezaban durante una hora. Sin embargo, eso no quiere decir que no sirve meditar durante menos de una hora.

Cuando comenzamos el ejercicio de meditar, podemos hacerlo durante un tiempo corto, incluso unos segundos. Luego, con la práctica, ese tiempo puede ir incrementándose.

La meditación puede hacerse antes del rezo y/o durante el rezo. Un buen material para la meditación es, justamente, el contenido de este libro.

Volviendo al primer nivel de amor a Hashem, no se trata de un amor que venga de arriba sin un esfuerzo de parte de la persona, sino que se necesita un refinamiento del cuerpo muy fuerte y profundo, que no todo el mundo está en condiciones de lograr; porque sólo los Justos (tzadikím) lo logran. Entonces, Hashem les regala este deseo ardiente en el corazón.

El segundo, es un amor generado por cada uno. ¿Cómo se genera el amor en el corazón? El amor es algo que se siente, no que se genera. El Alter Rebe explica que cuando meditemos en Hashem, crearemos amor a Él en el corazón. ¿Y cómo se medita en Hashem, en qué debemos pensar? El Alter Rebe propone varias ideas, todas desarrolladas en la primera parte del Tania.

1. Pensemos en que Hashem es nuestra vida. Así como amamos nuestra propia vida, debemos amar a Hashem porque es nuestra verdadera vida (capítulo 44).

2. Pensemos en la grandeza de Hashem, tanto en la creación de los mundos, como en el modo en que Él es infinito. Y después, pensemos en cómo ese Hashem tan enorme bajó a Egipto7, el lugar más perverso de la tierra, para sacarnos, y nos acercó a Él y nos dio la Torá, etc. O sea, ¡Hashem nos quiere muchísimo! El amor que Él tiene por nosotros se verá reflejado en nuestro corazón. Así como un espejo refleja el rostro de quien se mira en él… (capítulo 46).

Y en esto consiste el hecho de generar amor a Hashem en el corazón. No se trata de un sentimiento que “viene de arriba”, que Hashem nos lo regala, sino que hay que trabajarlo y “hacerlo” en el corazón para poder sentirlo. Ese trabajo es la meditación.

Este segundo nivel de amor a Hashem es el que Moshé, antes de que el pueblo judío entrase en la Tierra de Israel, quiso “plantar” en nuestros corazones, porque es un sentimiento al que todos podemos acceder. Es cuestión de hacer el trabajo que corresponde.

Para terminar la introducción y explicar el versículo del rey Salomón, el Alter Rebe menciona una idea muy interesante. Aún los Justos, que tienen el primer tipo de amor a Hashem en sus corazones, siempre deben crecer y avanzar en su relación con Él, no se pueden quedar siempre en el mismo nivel. La cuestión es que para pasar de un nivel a otro, en el medio, hay un momento de crisis, un momento en el cual el Justo no está ni en el primer nivel ni en el segundo.

Para entender esta idea, el Talmud8 nos cuenta que Rabí Zeirá vivía en Babilonia y quería ir a vivir a la Tierra de Israel. En Babilonia se estudiaba Torá de una manera, mientras que en la Tierra de Israel se estudiaba de otra mucho más elevada. Todo el conocimiento que Rabí Zeirá tenía sobre la forma de estudio en Babilonia no servía para la forma de estudio vigente en la Tierra de Israel. Entonces, Rabí Zeirá ayunó hasta olvidarse todo lo que sabía de la forma de estudio en Babilonia para disponerse a incorporar la forma de estudio de la Tierra de Israel. Pensemos un instante: ¿En qué estado estaba Rabí Zeirá después de haber olvidado la forma de estudio de Babilonia y antes de aprender una nueva forma en la Tierra de Israel? ¡De hecho, realmente, no sabía nada!

A esto se refiere el Alter Rebe cuando dice que un Justo, para pasar de un nivel bajo a uno más elevado, “cae”, por así decir, del nivel en el que se encontraba. Sin embargo, queda aún un residuo del nivel anterior, no se pierde todo. Aún así, lo que sostiene al Justo cuando está pasando de un nivel a otro es el amor a Hashem al que se acostumbró cuando era joven, antes de ser un Justo, o sea, el segundo nivel de amor a Hashem explicado por el Alter Rebe, el que se “hace” con mucha meditación.

Esta es la explicación de lo que dijo el rey Salomón9: aún en la vejez, cuando avanza de un nivel a otro, el Justo recurre al amor a Hashem al que se acostumbró cuando era niño (antes de ser un Justo).

Y este es el objetivo de esta segunda parte del Tania: tener claro que la fe en la unicidad de Hashem es el comienzo y el fundamento que, a través de la meditación, nos ayuda a despertar amor y temor a Hashem que, a su vez, son la base de la observancia de todas las Mitzvot.

En otras palabras, el texto de esta segunda parte es en sí mismo un material sobre el cual podemos meditar para despertar amor y temor a Hashem.

Resumen: pregunta sobre el camino de la educación. Amor y temor a Hashem como fundamentos de la observancia de Mitzvot. Dos niveles de amor a Hashem. Meditaciones para desarrollar amor a Hashem. Para pasar de un nivel a otro hay un momento de crisis. El sostén en ese momento de crisis es el amor a Hashem generado por la meditación.

1Hashem es una palabra en hebreo que significa “El nombre”, haciendo referencia al nombre mismo de Di-s. Es la forma adecuada de referirse a Él.

2El concepto de “verdadera existencia” será explicado ampliamente en el capítulo 6.

3La tradición es que el Alter Rebe se basa en las enseñanzas del Baal Shem Tov, el Maguid de Mezritch y Rabí Menajem Mendel de Horodok, así como en los libros del Maharal de Praga y el Shnei Lujot HaBrit.

4Mishlei 22:6

5Mitzvot son preceptos Divinos. Di-s indicó en la Torá seiscientos trece mandatos, de los cuales doscientos cuarenta y ocho son positivos, o sea, “vé y haz tal o cual cosa”, y trescientos sesenta y cinco son negativos o prohibitivos, o sea, “no hagas tal o cual cosa”.

Además, nuestros sabios indicaron cumplir con siete preceptos que llamamos rabínicos, que son: 1. Lavado ritual de manos antes de comer pan, 2. Decir bendiciones antes y después de comer, 3. Recitar una serie de salmos llamados Halel cada día festivo, 4. Festejar Jánuca, 5. Festejar Purim, 6. El sistema de Eiruvin, para cargar en ciertos lugares durante Shabat, 7. Encender velas antes de Shabat y festividades.

De aquí en adelante, utilizaremos la palabra Mitzvá para referirnos a un mandato Divino (Mitzvot es el plural de Mitzvá), Hashem para referirnos a Di-s y Torá para referirnos al texto que fue entregado al pueblo judío en el Monte Sinaí, donde están escritos esos seiscientos trece mandatos.

6Talmud Brajot 32b

7En la historia de la salida del pueblo judío de Egipto, en el Libro de Shmot, capítulo 12.

8Talmud Bava Metziá 85a

9Mishlei 22:6

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