El 3 de Tamuz de 5754 falleció el Rebe de Lubavitch, Rabí Menajem Mendel Schneerson, de bendita memoria. Obviamente, para quien tiene alguna relación con Jabad y, por lo tanto, con El Rebe, es un día de mucho significado. Esto no quiere decir que es un día de tristeza, ya que nuestros sabios nos explican que el alma del fallecido tiene una elevación en su aniversario y, más aún, el trabajo que el Rebe realizó a lo largo de toda su vida se revela en la tierra con más fuerza y poder en ése día.

Más allá de de las diferentes explicaciones místicas sobre la continua vida e influencia del Rebe en nuestras vidas, debemos entender qué es lo que el Rebe dejó como plan de acción para los años subsiguientes, hasta la venida de Mashíaj, rápido en nuestros días.

Claro, yo en realidad no soy quien para decir el Rebe dejó ésto, o aquello en particular, hay gente con mucho mayor conocimiento de las enseñanzas del Rebe, mucho más cercanos mientras el Rebe estaba en vida física en nuestro mundo, que pueden plantear con mayor autoridad cuál es el legado del Rebe.

Sin embargo, introducción realizada, voy a intentar explicar un legado del Rebe, que es una cuestión totalmente novedosa al respecto de las generaciones anteriores.

Primero, debemos entender que el Rebe personificó el vínculo entre el antiguo mundo y el mundo moderno. Es decir, la antigua Europa, llena de pueblitos donde vivían grandes genios y sabios de la Torá, grandes maestros jasídicos que con sus palabras revivían un judaísmo decaído por los sufrimientos. Esa Europa repleta de Ieshivot (institutos de estudio), donde el Beit HaMidrash (casa de estudio) era una parte fundamental del pueblo por donde pasaban diariamente los habitantes del pueblo para rezar y estudiar, o aún escuchar una clase de Ain Iaacov (historias del Talmud).

Y el nuevo mundo, donde la ciencia y la tecnología eran materia de todos los día, donde la política dejaba de ser simples monarquías para pasar a complejos sistemas de gobierno, donde la comunicación y la información en forma masiva abrían las puertas de nuevos horizontes en muchos campos.

El Rebe participó de los dos mundos, y era un experto en ambos. El Rebe era un genio de la Torá, con una profunda erudición y visión, mientras que era un científico que se codeó con los mayores exponentes de la ciencia en las universidades de Francia y Alemania por los años 20.

Entonces, supo combinar los dos universos y revelar la Verdad de Di-s en ambos, mostrar cómo podían convivir y no contradecirse.

Con ésto vamos a poder entender la revolucionaria visión del Rebe. En general se habla de Simjá (alegría) y Merirut (amargura). Son dos columnas en lo que es el servicio a Di-s, donde cada una logra un resultado diferente en la persona: la alegría eleva a la persona por sobre todas sus dificultades, mientras que la amargura quiebra la falta de sensibilidad y problemas de la persona. Y hay un momento para cada cosa.

Sin embargo, el Rebe nos enseñó que aún aquellos aspectos del servicio a Di-s relacionados con la amargura, nuestra generación debe hacerlos con alegría. Es decir, no estamos en condiciones de lidiar con la amargura. En el nivel en que nos encontramos, nos relacionamos con la alegría, y no con la amargura. Aún el quebrantar nuestra inclinación al mal, debe ser hecho con alegría.

Y esto es algo revolucionario. En un día como el 3 de Tamuz, cuando todo el trabajo del Rebe se eleva y revela en éste mundo con más fuerza, que a través del mérito de la "Cabeza de los Hijos de Israel" podamos tener verdadera Simjá, alegría de estar conectados con la Fuente de la Vida, con Di-s, y podamos traer al Mashíaj con alegría, rápido en nuestros días, Amen.

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