Hay diferentes tipos de Mitzvot - preceptos. Una de las posibles categorizaciones es en Mitzvot prácticas - que requieren de una acción para cumplirlas, como poner una Mezuzá, o comer Matzá en Pesaj - Mitzvot del habla - como recitar el Shemá Israel o estudiar Torá y, por último, Mitzvot del pensamiento o sentimiento, como el amor a Di-s y el temor a Di-s.

A simple vista parecería que las Mitzvot del habla son las más sencillas: es cuestión de decir algo y ¡ya está! Sin embargo, entre ellas se encuentra una Mitzvá que, lamentablemente, resulta muy complicada para muchos (por su desconocimiento o falta de costumbre): rezar.

El rezo es la forma más obvia y universal de relacionarse con Di-s. En su forma más elevada y su nivel más sincero, nuestros sabios lo llaman 'El servicio/trabajo (avodá en hebreo) en el corazón y con el corazón'.

¿Qué es el rezo?

En hebreo, el rezo se dice Tefilá. Uno de los significados de esta palabra es que consiste en un derivado de la raíz hebrea pei, lamed y lamed, que está relacionado con la clarificación de un asunto (por ej., los jueces son llamados plilím). Es decir, la Tefilá consiste en la clarificación de los pensamientos que llenan el corazón del hombre, su separación entre los positivos y los negativos y su santificación y dedicación a Di-s.

¿Acaso es una obligación rezar?

Nuestros sabios explican que el rezo mismo es obligatorio - es una Mitzvá. Surge de del versículo 'Servirán a Di-s su Señor' (Shmot 23:25). Sin embargo, esto implica solamente el rezar a Di-s. Es decir, la obligación consiste en servir a Di-s, alabándolo y pidiéndole todas las necesidades personales, desde asuntos espirituales hasta asuntos materiales.

Por otro lado, dado que con el pasar de los años fuimos perdiendo la elocuencia para alabar apropiadamente a Di-s (por vivir entre otros pueblos y hablar otras leguas), los Hombres de la Gran Asamblea (hace unos 2500 años atrás), entre quienes se encontraban profetas y sabios, establecieron un sistema de rezo común a todos los judíos, en el lenguaje Santo, hebreo, que contenga las alabanzas adecuadas y lleve a la persona a la reflexión sobre la grandeza del Creador y, a su vez, contenga todos los tipos de peticiones necesarias para el hombre.

Este rezo organizado es es que hoy en día está plasmado en los Sidurím, libros de rezo, sobre los cuales hablaremos la próxima edición.

¿A quién le rezamos?

La respuesta parece obvia: a Di-s. Sin embargo, no es tan sencillo. Por un lado: ¿por qué?, por otro lado: ¿es apropiado rezar a ángeles o a otra persona?

Al respecto de la primer cuestión, escribió Iosef Elbo (1380-1444), autor del Sefer Haikarím (en resumen), que todo dador de bondad (hacia quien es apropiado rezar) debe tener 4 cualidades: 1) que no cambie, para que su bondad sea firme e inmutable. 2) que el dador no necesite de ayuda (del receptor), para que su bondad sea segura. 3) que el dador soporte opuestos, ya que el receptor puede necesitar de una cosa hoy y de su opuesto mañana. 4) que no haya nada que pueda impedir que el dador realice su voluntad, para que la bondad realmente llegue al receptor. Estas cualidades se encuentran solamente en Di-s.

Al respecto de la segunda cuestión encontramos en las súplicas para el lunes (pág. 295 en la edición castellana del Sidur de Kehot Sudamericana): "¡Angeles de la misericordia, servidores del supremo! Suplicad ante el Todopoderoso con elocuente habla" y en las súplicas para el segundo lunes (pág. 304) Atributo de Misericordia, vuélvete a nosotros, y presenta nuestra súplica ante tu Hacedor".

Con seguridad, el rezo debe ser dirigido a Di-s. La explicación de estas súplicas (y otras) es (de acuerdo a la responsa 275 de Rabí Israel de Bruna (1400-1480)) "que [rezamos] en forma de bajeza y sumisión, que habla frente al rey a sus consejeros para hablen con el rey, ya que está avergonzado de acercarse al rey".

¿Quién escribió el rezo?

Como mencionamos en alguna edición anterior de este tema, la Mitzvá del rezo consiste en pedirle a Di-s lo necesario para la vida de uno. Sin embargo, nuestros sabios, en la época del Segundo Templo, organizaron y ordenaron (de eso se trata la palabra Sidur - orden del rezo) un rezo específico.

Estos sabios, entre quienes se encontraban los últimos profetas, instauraron las bendiciones y la parte central del rezo, las 18 bendiciones que conforman la Amidá. Esta plegaria contiene alabanzas a Di-s y peticiones de todo tipo. Posteriormente, con la aparición de grupos de judíos herejes se agregó una decimonovena bendición, para que Di-s nos salve y nos ayude contra estas personas que deseaban la desaparición del judaísmo.

Además, a lo largo de los años, se fueron agregando diferentes cánticos y secciones de la Torá que recitamos diariamente en el rezo con diferentes objetivos, como despertar la misericordia Divina, o el amor a Di-s en el corazón del judío o facilitar la observancia de la Mitzvá del estudio de Torá inmediatamente antes y después del rezo.

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