El 5 de Av es el día del fallecimiento del Arízal (Adoneinu Rabí Itzjak, Zijronó Livrajá), el santo Rabí Itzjak Luria Ashkenazi. Nacido en Ierushaláim en 1534, pasó la mayoría de sus años en Egipto, cerca del Cairo. En 1570 se asentó en Tzfat, donde vivió por dos años hasta su fallecimiento en 1572. Durante ese breve período, el Ari revolucionó el estudio de la Cabalá, y hasta hoy es considerado uno de los mayores exponentes del misticismo judío. Fue él quien declaró que "en estos tiempos podemos y debemos revelar este conocimiento" abriendo las puertas para la integración de las enseñanzas de la Cabalá, hasta ese momento circunscripta a un selecto grupo de sabios en cada generación, en la vida cotidiana judía.

Mucho se cuenta sobre el Arí, principalmente en los escritos de su principal estudiante, el Rabí Jaim Vital (1543-1620). Cuando se menciona a un Tzadik - un hombre justo, no se hace sólo en recuerdo de su memoria, sino que, principalmente, para aprender de su comportamiento y aplicarlo en nuestra vida práctica. He aquí sólo algunas ideas que son menos aún que una gota de agua frente a un océano.

Cuando se le preguntó al Arí cuál era el mérito a través del cual alcanzó un nivel tan elevado de conocimiento de Torá y acercamiento a Di-s, contestó que su mérito era la desbordante alegría en la observancia de cada precepto.

Otro asunto que él enfatizaba es que antes de comenzar la plegaria de la mañana cada día, uno debía involucrarse con el precepto de amor al prójimo y verbalizar el hecho de que estaba preparado para cumplir ese precepto con todo judío.

Así mismo, su comportamiento al respecto de la Tzedaká - caridad, era que él, sin considerar las dificultades económicas por las que atravesaba, cuando le pedían dinero, simplemente daba lo que tenía en su bolsillo, sin contar el monto.

El hecho de que estos comportamientos llegaron a nosotros es una clara indicación de que debemos utilizarlos: cuando se trata de la observancia de un precepto, y en particular el de Tzedaká, no debemos detenernos en pensar en los problemas personales, sino confiar en Di-s, que nos ayudará. Cuando nos encontramos con otro, debemos hacerle sentir nuestro amor simplemente por ser un prójimo y, cuando se trata de la acción práctica de una Mitzvá, debemos hacerla con la mayor alegría.

En estos días de preparación para el duelo y ayuno del 9 de Av, el llevar a la práctica estas ideas acelerará con seguridad la promesa de "Y transformé su duelo en alegría", con la venida de la Redención Final.

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