Este Shabat es uno de esos que tienen nombre propio. En general cada Shabat lleva, por así decir, el nombre de la parashá que en él se lee, pero hay algunos Shabatot a lo largo del año que tienen un nombre más allá de la lectura, lo que indica un asunto especial. Este Shabat se llama Shabat Jazón (El Shabat de la visión), tomando ese nombre de la lectura de profetas posterior a la lectura de la Torá (haftará) que comienza con la palabra Jazón y cuyo tema principal es la destrucción del Templo y Ierushaláim. Leemos esta Haftará porque éste es el Shabat anterior al ayuno de Tishá beAv, el 9 de Av, día de la destrucción de los dos Templos, entre otras ocurrencias tristes.

El Rabí Levi Itzjak de Berditchev explicó que este Shabat, además, se nos muestra una visión (de ahí el nombre de Shabat de la visión) del Tercer Templo, como para despertar en cada uno y una un deseo de verlo construido, llevando este deseo a hacer Teshuvá (retornar hacia Di-s).

Para explicar esta visión, el Rabí Levi Itzjak de Berditchev dio un ejemplo: un padre tenía un hijo muy apreciado; le regaló una ropa hermosa que el hijo no supo cuidar adecuadamente y la destruyó. El padre le regaló una segunda ropa hermosa que, nuevamente, el hijo no supo cuidar. La tercera vez el padre preparó la ropa, más bella que las anteriores y la guardó en un armario. De tanto en tanto el padre le mostraba al hijo la ropa desde lejos, despertando en éste el deseo de tenerla, pero, en lugar de dársela, le decía que cuando la sepa cuidar, se la va a dar.

Lo mismo ocurre en la historia del pueblo judío: Di-s nos dio el Primer Templo y no supimos cuidarlo, como dicen nuestros sabios, fue destruido por la falta de respeto a la Torá. Luego nos dio el Segundo Templo y tampoco supimos cuidarlo, teníamos odio infundado. El Tercer Templo (como la tercera ropa) está preparado para descender desde el cielo (o ser construido aquí abajo, es una discusión entre nuestros sabios) pero Di-s está esperando, por así decir, que lo sepamos cuidar.

El Shabat anterior a Tishá beAv es cuando Di-s nos muestra una visión de este Tercer Templo.

Ahora bien, el pueblo judío disfrutó del Primer Templo por 410 años. El Segundo duró 420 años. Durante una gran parte de esos años la gente peregrinaba hacia Ierushaláim, veían los milagros que ocurrían en el Templo, los Cohaním haciendo sus trabajos, etc., era un ambiente de santidad y pureza, la Presencia Divina estaba revelada y disponible: ¿Por qué eso no afectó al pueblo judío para que cambien sus malos comportamientos? En particular, habiendo tenido profetas (en todo el sentido de la palabra, Di-s hablaba con ellos...) que advirtieron al pueblo judío del desastre y mostraron el camino para evitarlo (el retorno a las raíces) y aún así no lograron que la gente mejore. ¿Acaso ver el Tercer Templo una vez al año va a lograr lo que más de 800 años y profetas no pudieron?

Para entender esto debemos profundizar en la diferencia entre ver algo y que le muestren algo, tanto en cantidad como en calidad. Cuando la persona ve, no necesariamente ve todos los detalles de la cosa, y lo hace de acuerdo a sus capacidades actuales, sus propias limitaciones. Por el otro lado, cuando a la persona le muestran algo, le muestran todos los detalles necesarios y la visión es de acuerdo al que muestra (en este caso Di-s mismo) que está por encima de las capacidades de quien ve.

En otras palabras: cuando el pueblo judío observaba el Templo y todo lo que lo rodeaba, era afectado sólo tanto cuanto ellos quisiesen, ya que esa visión provenía de ellos mismos. El efecto era temporario y no se fijaba en la vida práctica de ellos. Cuando Di-s muestra el Templo, lo hace de manera tal que eso afecte según las infinitas capacidades divinas, de manera de modificar el comportamiento de quien ve.

Por eso el ejemplo dice que "el padre le muestra la ropa", no que el hijo la ve.

Más aún, el padre le mostraba la ropa "desde lejos", lo que significa que el hijo comprende cuán lejos se encuentra aún de ser meritorio de esa ropa y esto genera un sentimiento de sumisión y voluntad de retorno y mejoramiento del comportamiento.

Que este Shabat sea el último que tengamos que ver el Templo en sueños y visiones, de manera que podamos verlo construido en Ierushaláim y Tishá beAv, en lugar de ser un día triste, se transforme en un día de alegría y regocijo.

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