Hace un tiempo, conversando sobre la situación de la judería platense, alguien me contó, con cierto dolor, que un hijo suyo le planteó que si realmente hubiera querido como padre, que sus hijos llevasen una vida judía activa, deberían haberse mudado a Israel. Ahora que no lo hiciste, continuó, no te quejes.

La realidad es que en Israel hay muchas más posibilidades para realizarse como judío que en La Plata. Desde la densidad de judíos, el lenguaje y la comida hasta la disponibilidad de lugares para rezar, todo es más "fácil" en Israel. Sin embargo, no hay excusa para no vivir una vida judía aún fuera de Israel.

Y en realidad es muy sencillo. Cuando uno tiene una identidad fuerte, nutrida por el conocimiento y enraizada en el alma judía, que es una porción de Di-s en lo alto, literalmente, no hay medio ambiente ni dificultad que pueda evitar que uno viva una vida judía activa.

Uno puede quejarse y decir que es difícil... ¿Acaso alguien dijo que iba a ser fácil? ¿Acaso es fácil ganarse el pan o educar a los hijos para que sean gente de bien? Y sin embargo el mundo entero fue creado con este sistema de que uno debe trabajar para ganar su sustento y debe hacer un esfuerzo activo para criar a sus hijos.

La novedad de la Torá es que contamos con la promesa Divina de que sólo debemos dar el paso inicial, abrir un agujerito como el del ojal de una aguja, y El abrirá para nosotros un agujero como la puerta del Ulam (que medía 5m de ancho por 10m de alto).

Para empezar... ¿Hace cuánto que no lleva a su hijo (o a sí mismo) a una sinagoga un Shabat a la mañana?

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