Esta semana leemos la parashá Emor (Diles). Principalmente habla de leyes pertinentes a los Cohaním (familia sacerdotal) y detalla algunas leyes relacionadas a las fiestas.

Dentro de esta parashá aparece un versículo del cual aprendemos una Mitzvá muy especial. El versículo dice (Vaikrá 22:32): "Y no profanarán Mi Santo Nombre, y Seré santificado dentro de los Hijos de Israel, Yo soy Di-s Quien los santifica". La Mitzvá que describe este versículo es la de Kidush Hashem, el sacrificio por la santificación de Di-s. Otro nombre para este concepto es Mesirut Nefesh, literalmente "entrega del alma", y se refiere al sacrificio de la propia vida en aras de Di-s.

Justamente esta semana, en conversación con un amigo, me mencionó una frase talmúdica que dice así (Talmud Shabat 130a): "Rabí Shimón ben Elazar dice toda Mitzvá que el pueblo judío se sacrificó hasta la muerte en un momento de decretos del reino, como la idolatría y la circuncisión, aún se encuentra firme en sus manos, mientras que toda Mitzvá que el pueblo judío no se sacrificó hasta la muerte en un momento de decretos del reino, como los Tefilín, aún está floja en sus manos.".

Obviamente la conexión con la sección de la semana está en el concepto del sacrificio hasta la muerte, Mitzvá que aparece en esta misma sección, como mencionado. Sin embargo, desde una mirada más profunda, debemos preguntarnos qué tiene esta Mitzvá para nosotros hoy en día, ya que, gracias a Di-s, la mayoría de los judíos vivimos en países libres, que no decretan contra la observancia de la Torá y sus Mitzvot.

La palabra nefesh se traduce en general como alma, pero encontramos otro significado, como en el versículo (Bereshit 23:8) "[...] Si ustedes desean [...]", donde la palabra utilizada para expresar voluntad es nafshejem, que comparte su raíz con la palabra nefesh. He aquí entonces, que la idea actual de Mesirut nefesh es la entrega de la voluntad. En palabras más simples: hoy en día el sacrificio por el judaísmo no pasa por morir por Di-s literalmente, sino por entregarle a Di-s la propia voluntad, los deseos, de manera tal que la persona sólo desee a Di-s.

Esto no significa que la persona se vuelve un robot ni que pierde interés en los asuntos mundanos de la vida, como comer, beber, etc., porque, después de todo, eso es lo que Di-s mismo quiere de cada uno: que tenga libre albedrío y que viva en un mundo normal y una vida normal, pero que el motor de su vida, la motivación más interna y profunda de su existencia sea el deseo y anhelo de unirse a Di-s.

Otra forma de pensar esta idea y conectarla con la frase de Rabí Shimón ben Elazar es que muchas veces las personas se quejan sobre la situación de una comunidad, exigen mejoras, diferentes programas, etc. Cada uno debería pensar para sí mismo: "¿Acaso yo me sacrifiqué 'hasta la muerte' por esto que yo mismo exijo? ¿Qué hice para cambiar la situación además de quejarme y proponer cambios? En el judaísmo lo principal es la acción, más que la prédica. Por eso dice Rabí Shimón que sólo aquellas Mitzvot que la persona asume con un fuerte compromiso de acción "hasta la muerte", se puede decir que las tiene fuertemente en las manos, mientras que las otras, aún si las cumple (porque no se habla solamente de quien no observa los preceptos, desde una visión más profunda se habla aún de quien los cumple, pero no son "fuertes" en sus manos...) no están realmente en sus manos, como quien toma algo y se le escurre entre los dedos...

Debemos tomar una actitud de sacrificio y acción, sólo de esa manera se fortalece el nivel de cada uno en particular y del pueblo judío en general.

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