La sección de esta semana se llama Vaiejí. Los temas principales son la bendición de Iaacov a sus hijos y su fallecimiento. En este último punto, nuestros sabios se detienen en el peculiar lenguaje utilizado por la Torá para detallar la muerte de Iaacov (Bereshit 49:33): "[...] dio su último suspiro, y se unió a su pueblo". El versículo no dice en ningún momento que Iaacov haya muerto... de aquí extraen la idea de que Iaacov, nuestro patriarca, no falleció.

Obviamente, la frase es polémica, principalmente porque la Torá misma relata el proceso posterior a su muerte, cuando preparan su cuerpo y hasta lo entierran en Mearat haMajpelá, donde enterraron a los otros patriarcas. Por eso, nuestros sabios concluyen que, así como su simiente está viva (el pueblo judío), él (Iaacov), también está vivo.

Encontramos la misma idea sobre el Rey David, cuando decimos (Sidur, Kidush Levaná) "David, el Rey de Israel, está vivo y es eterno". Ahora bien, al respecto de David decimos que "está vivo", pero al respecto de Iaacov decimos que "no murió". ¿Cuál es la diferencia?

Quizás podríamos decir que estar vivo significa que la persona tiene una vitalidad revelada, es consciente de su propio ser y, por así decir, ejerce su capacidad de estar vivo. Por el otro lado, no estar muerto significa que la persona tiene una vitalidad en potencial, que no se expresa. Estar vivo es algo reconocible al observador externo, mientras que no estar muerto es algo que no se ve desde afuera.

Basados en esta idea, quizás podríamos explicar la diferencia entre Iaacov y David, que llevó a nuestros sabios a expresar su "eternidad" de diferentes maneras. David representa la gloria del pueblo judío, su fortaleza y belleza. Iaacov (en particular este nombre, comparado con el nombre Israel que denota un nivel espiritual elevado) representa a cada judío individualmente, viviendo las dificultades de la vida cotidiana, el día a día, sin belleza, sin reinado, sin gloria.

Por eso, cuando se habla de David, de la realeza del pueblo judío, esto es algo revelado a los ojos de todos los pueblos en diferentes formas y expresiones, ya sea en ciencia, en sabiduría, en historia, en valores, etc. entonces, nuestros sabios dicen "vivo y eterno". Cuando se habla de Iaacov , aquel que lucha todos los días para comer Kasher, para cumplir Shabat, estudiar Torá y mantener la paz en el hogar, sin descuidar el trabajo y la educación de los hijos, nuestros sabios dicen "no murió".

En otras palabras: el ser parte del pueblo judío da a la persona un marco revelado y claro, que ya viene así "desde arriba": "realeza y gloria". A su vez, da a la persona una capacidad oculta, que es el trabajo de cada uno revelar y utilizar. Depende del esfuerzo personal y cotidiano hacer pasar de un estado de "no muerto" a "vivo y eterno", revelar esa gloria y belleza en cada una de las Mitzvot de la Torá.

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