La sección de esta semana se llama Pinjás (un nombre propio). Entre los diferentes asuntos que la Torá cuenta, aparece el relato de cómo Moshe pasa su liderazgo a Ioshúa bin Nun.

Cuando Di-s le dice a Moshe que suba a un monte desde donde le iba a mostrar la Tierra de Israel, Moshe pensó que él mismo iba a hacer ingresar al pueblo judío en la Tierra. Pero Di-s le confirmó que no (por no haber santificado Su Nombre frente a la congregación cuando le golpeó a la piedra en lugar de hablarle) y, más aún, le informó que allí iba a fallecer. En ese momento Moshe le pide a Di-s que nombre a otro líder del pueblo, para que no sean (Bamidbar 27:17) “como un rebaño de ovejas sin pastor”. Di-s accede y le dice que nombre a Ioshúa como su sucesor.

La ceremonia de nombramiento es la siguiente: Moshe para a Ioshúa frente a Elazar, el Sumo Sacerdote, frente al juzgado mayor y frente a todo el pueblo, “apoya sus manos” en su cabeza, le da de su propia gloria (es decir, le pasa parte del brillo de su rostro que tuvo a partir de la entrega de las Segundas Tablas, en Iom Kipur) y “lo manda”.

Los comentaristas se detienen en estas expresiones de “apoyar sus manos” y de “mandarlo”. Por supuesto, cada uno, según su camino, explica a qué se refiere. Porque no todos los comentaristas dicen lo mismo ni tampoco explican todos dentro de un mismo camino. Hay quienes explican los versículos según su significado sencillo, como Rashi, hay quienes explican indicaciones “entre lineas”, como el Baal haTurím, y hay quienes explican aspectos mucho más profundos del texto, como el Or haJaím y el Kli Iakar.

En este último aspecto, El Or haJaím trae la explicación mística del mandato que Moshe le da a Ioshúa frente al pueblo. En Bamidbar 27:23: vaitzavéhu lit. “lo mandó”, significa “lo unió”, ya que en arameo la palabra tzavta (de la misma raíz que vaitzavéhu y que mitzvá) significa unión. Más aún, continúa explicando, “hizo brillar (Moshe) de su alma en él (Ioshúa)”.

Ahora bien, el alma de Moshe es el alma que incluye a todas las almas de su generación. Moshe era el líder del pueblo judío y, el concepto judaico de liderazgo no se remite solamente a guiar, sino que tiene una implicancia espiritual muy fuerte: el líder es el alma del pueblo. Por eso Moshe, cuando nombra a Ioshúa como próximo líder, le da de su alma, por así decir, para que sea un verdadero líder.

Pero esto va más allá. El Kli Iakar explica por qué Moshe apoyó sus manos sobre Ioshúa, comparándolo con una ofrenda animal en el Templo, sobre la cual también se apoyaban las manos. La idea (general) de una ofrenda era para expiar por un pecado. La persona apoyaba sus manos y se confesaba, para que la ofrenda expíe por su error. A su vez, nuestros sabios explican que los pecados del pueblo dependen de sus líderes, porque deberían haberles enseñado, advertido, etc., por lo que cuando Moshe apoya sus manos sobre Ioshúa, está “pasando” los errores de toda esa generación a Ioshúa y haciéndolo responsable de ahí en adelante como alma y líder del pueblo.

Toda esta ceremonia tiene mucho significado para nuestros tiempos. Hoy en día vemos líderes de naciones que no consiguen pasar su liderazgo a la próxima generación. El mundo está lleno de “líderes viejos”, personajes extremadamente poderosos, cada uno en su región, que no quieren dejar ese lugar de poder a quien sigue. En muchos casos es tan grave la situación que ni siquiera se ve que alguien pudiese seguir adelante con el liderazgo porque, parte de su táctica de amasado de poder, fue encargarse de que nadie “asome la cabeza” para ser el próximo líder, no vaya a ser que esa persona les quite poder ahora. Vemos en Moshe el opuesto de esto. Él mismo le pide a Di-s que nombre al próximo líder, aún en vida y mientras su liderazgo estaba en pleno auge (¡ya que todavía le faltaba decir el quinto libro de la Torá entero!

Más aún, la actitud de los líderes debería ser como la de Moshe, de asumir los errores de la gente como propios e intentar corregirlos. Hoy en día los líderes de las diferentes naciones siempre encuentran excusas para quitarse de encima la responsabilidad por los errores cometidos, hasta por los propios, ni que hablar de los ajenos.

Esta parashá es una lección eterna para los líderes (y cada uno es un líder en su mundo, aún dentro de su propia casa como padre o madre), sobre cómo debe ser su actitud hacia el presente y el futuro.

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1 comentario en «Liderazgo»

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