Acurrucado en los brazos de su padre, él está seguro, sin temor, porque hay un padre.

Observando en los pequeños ojos que lo miran hacia arriba desde sus brazos, sintiendo el fuerte agarrar de sus pequeñas manos, el padre despierta a algo que nunca ha conocido antes: El es un padre.

Así como el niño nutre al hombre, así como le da a un hombre su condición de padre y a una mujer su condición de madre, de la misma manera nuestra confianza en Quien está Arriba, lo hace a El nuestro Di-s.

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