Esta semana, más precisamente el viernes 8, es el 14 de Iyar. Ese día fue especificado en la Torá como Pesaj Shení, el segundo Pesaj (ver Vida Judía). Más allá de las costumbres de no decir Tajanún (súplicas) y comer Matzá, hay una enseñanza para extraer del significado del día. Como varias veces comentamos, cada evento en general tiene una enseñanza en el servicio a Di-s y, cuánto más aún, un evento en la Torá (y no es solamente un libro de historias).

Nuestros sabios explican que la enseñanza general de éste día es la idea de que nunca está todo perdido. Aún quien está impuro, en un lugar lejos, a propósito fuera del ámbito del judaísmo, tiene una oportunidad de retornar a Di-s. Para ilustrar la idea, una historia del Talmud (Jaguigá 15a):

Elisha ben Avuia, a pesar de ser un gran sabio, dejó el camino de la Torá y las Mitzvot, a punto tal que los otros sabios pasaron a llamarlo "el Otro" (Ajer). Una vez Rabí Meir le propuso retornar, hacer teshuvá y Ajer le contestó que ya había escuchado una voz celestial diciendo '"retornen mis hijos descarriados", excepto Ajer', con lo cual comprendió que él no tenía camino de retorno. ¡Di-s no lo quería!.

Aparentemente ésta historia es una contradicción directa con la idea de Pesaj Shení, que nunca nada está perdido. ¿Por qué Elisha ben Avuia (siendo un gran sabio) consideraba que no había una segunda oportunidad?

La explicación está en las palabras mismas de Ajer: él escuchó una voz celestial diciendo que Ajer no tenía arreglo, pero no Elisha ben Avuia. Es decir, en la forma en que se conducía en la vida y con la fama de ser "Otro" que se había ganado, efectivamente no había retorno posible, pero si él volviese a ser Elisha ben Avuia, si él retornase a su propia esencia de ser judía, con seguridad hubiese habido otra chance.

Esto nos deja una enseñanza muy práctica: no hay acción, palabra o pensamiento que hayamos hecho, dicho y pensado a lo largo de la vida que impida la posibilidad de hacer teshuvá, de volver a estar cerca de Di-s. El requisito es querer, y la forma de hacerlo es revelando nuestro verdadero ser interno, dejando de lado aquella persona ficticia que fuimos construyendo a lo largo de la vida y volviendo a lo que realmente somos: "Hijos de Di-s, su Señor".

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