En la parashá (sección) de ésta semana la Torá nos enseña uno de los fundamentos del judaísmo. Días previos a su fallecimiento, Moshe le relata al pueblo judío todos los preceptos, incluyendo conceptos que, a pesar de no ser estrictamente hablando Mitzvot, pero son parte de los grandes fundamentos sobre los cuales el judaísmo se sostiene.

Es conocida la discusión entre nuestros sabios sobre cuáles y cuántos son los fundamentos del judaísmo. Maimónides planteó un sistema de 13 fundamentos (para leerlos haga click aquí), mientras que otros (como Iosef Albo, en su libro "Los fundamentos", plantea que son sólo tres (1. La existencia de Di-s, 2. La revelación de Di-s, 3. La justicia Divina), y los demás conceptos se desprenden de esos tres principales).

Sin embargo, más allá de las diferencias entre estos sistemas, de acuerdo a todos, uno de los fundamentos del judaísmo es la recompensa y el castigo. Este es uno de los temas centrales de ésta parashá.

En resumen, el fundamento es que Di-s premia las buenas acciones y castiga las malas, donde bueno y malo se determina según la observancia de lo preceptos Divinos (porque resultaría muy ambiguo decir "sé una buena persona", "actúa bien", por eso, se necesita una forma específica de juzgar el bien y el mal).

Este concepto está relacionado principalmente la idea de que si el ser humano recibiese toda la vitalidad de Di-s sin un previo esfuerzo, se sentiría avergonzado, su trabajo no tendría ningún valor, entonces Di-s plantea un sistema donde la persona se esfuerza y Di-s lo premia.

Ahora bien, ¿Dónde está el énfasis? ¿En la recompensa o en el castigo? Nuestros sabios nos dicen que en ninguno de los dos. Por un lado, uno debe servir a Di-s (llámese hacer el bien) en aras del cielo, es decir, sin esperar una posterior recompensa y, por el otro lado, uno no debe vivir temblando escondido bajo la cama pensando en la retribución Divina de todo el mal que uno hizo.

Hoy en día, que vivimos en la generación de "los talones del Mashíaj", cuando estamos, por un lado tan cerca de la Redención final y, por el otro, en un mundo tan oscuro y confuso, el enfoque debe ser principalmente en la alegría, en el mérito que tenemos de estar conectados al Creador del Universo. Debemos mirar hacia adelante y tomar una seria resolución interna, dentro de cada uno, de mejorar, como solían decir los Jasídim, "morgn vet zain beser" - mañana será mejor - es decir, hay mucho por mejorar, pero no nos enfoquemos en la retribución: Di-s va a estar mucho más contento con nuestro mejoramiento que enojado por nuestros errores. ¿Y si se enoja? ¿Nu? ¡Que nos perdone con Su infinita Misericordia! ¡Y a seguir trabajando!

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