Hay un camino fácil para cumplir la Torá, ya que fue ideada para ser cumplida. No forzándose a sí mismo, ni convenciéndose, sino que logrando consciencia:

Una consciencia constante que todo lo que ves y escuchas, el viento contra tu cara, el pulso de tu propio corazón, las estrellas y los cielos y la tierra bajo tus pies, todas las cosas del cosmos y más allá...

… todas no son más que vestimentas externas de una consciencia más profunda, una proyección de Su voluntad y pensamientos. Nada más que Sus palabras para nosotros, dentro de las cuales El está oculto.

Y el Maestro de esa consciencia te habla y te pide que te unas a El en la unión mística de la acción y el estudio.

En semejante estado mental, ¿Acaso elegirías otra cosa?

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