En la sección de esta semana aparece la primer Mitzvá de la Torá: la de santificar los meses. A pesar de que ya han aparecido otros preceptos desde el comienzo del texto hasta aquí, recién ahora Di-s le transmite "oficialmente" a Moshe que le diga al pueblo judío los detalles de algo que deben hacer por el resto de las generaciones.

En sí el precepto consiste en determinar el nacimiento de la nueva luna mes a mes y declarar el comienzo del nuevo mes. Esto es significativo para determinar las festividades como Pesaj, donde hay una prohibición grave de comer jametz (productos de harina leudada) y, por lo tanto, es necesario saber exactamente el día del comienzo del mes y consecuentemente el comienzo de la fiesta. Hoy en día esta Mitzvá no se puede cumplir porque no tenemos un juzgado nombrado en la Tierra de Israel con tradición de nombramiento desde Moshe Rabeinu que pueda efectivamente declarar el comienzo de un nuevo mes. Hoy en día el pueblo judío entero se rige por un calendario calculado de antemano.

De hecho, de aquí surge la costumbre de llamar al Shabat anterior al comienzo de un mes "Shabat Mevarjím", es decir, un Shabat que bendice al nuevo mes, y de declarar, luego de la Lectura de la Torá, que el nuevo mes se llamará de tal manera y comenzará tal día, de manera que la gente lo sepa con anticipación y recordemos la ceremonia original de santificación del nuevo mes.

A pesar de no poder cumplir con la Mitzvá en la práctica, de cualquier manera podemos extraer enseñanzas útiles de la misma para la vida contemporánea. Este precepto está relacionado con la idea de la santificación del tiempo. En su formato original, se trataba de la santificación del día de comienzo del nuevo mes para llevar al Templo las ofrendas específicas del día. Si el día no era santo, no correspondía practicar los rituales de un día santo.

Hoy en día este precepto nos enseña a santificar el tiempo. Di-s nos da una vida con un tiempo determinado, suficiente para llevar a cabo todo aquello que se espera de nosotros, tanto en lo personal, es decir, en el crecimiento y desarrollo personal, como en lo colectivo, nuestra influencia en el medio donde vivimos. Ahora bien, no solo debemos utilizar el tiempo al máximo, o sea, aprovechar cada instante para las diferentes tareas necesarias, sino que, además, el tiempo esta, como si dijésemos, vacío, y debemos introducir en él santidad.

Una posible expresión práctica de esta idea es apagar el celular por cinco minutos y dedicar ese tiempo, la totalidad de ese tiempo, al estudio de Torá. Aún así sólo sea leer un par de salmos, pero cuando se dedica un tiempo a algo santo, se santifica ese tiempo.

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