Entre los diferentes temas de la sección de ésta semana, aparece la bendición que Iaacov, casi ciego y poco antes de fallecer, da a su hijo Iosef y a sus dos nietos, Menashé y Efraím. La Torá relata este evento dada la extraña forma en que Iaacov decide dar dicha bendición: Iosef acerca a sus hijos hacia Iaacov, colocando a Menashé (el primogénito) a la derecha de Iaacov y a Efraím a su izquierda. Sin embargo, cuando Iaacov apoya sus manos sobre sus nietos para bendecirlos, cruza sus manos (o los cambia de posición, según otra opinión).

A Iosef no le parece bien lo que ocurre e intenta cambiar las manos de su padre, pensando que éste no había visto (por su ceguera) quién estaba frente a cada una de sus manos. Pero Iaacov le dice a Iosef que él sabe quién es cada uno, y que Menashé es el primogénito y le correspondería ser bendecido por la diestra de Iaacov, pero Efraím será superior, y por eso, en la práctica, Iaacov apoya su derecha sobre Efraím y su izquierda sobre Menashé.

Ahora bien, la palabra que la Torá utiliza para ilustrar este cruce de manos de Iaacov es siquel et iadav, que Rashi explica como "con sabiduría", a sabiendas y no desapercibidamente (de la raíz hebrea sejel - intelecto).

¿Qué podemos aprender de éste relato? Todos tenemos un alma. Ese alma tiene un efecto en nuestra vida, nos moldea y da a cada uno de nosotros diferentes cualidades y características a través de nuestro intelecto y emociones y, finalmente, afecta al mundo a través de nuestras acciones.

Sin embargo, para que el alma pueda afectar al mundo, debe haber un canal apropiado y preparado para lograr ese efecto, y ése es el cuerpo. La Torá nos da el marco y las herramientas a través de las cuales refinar ese cuerpo y ser capaces de refinar el mundo a nuestro alrededor con el poder de ese alma.

Cuando el canal está "tapado", por así decir, el alma no logra afectar el mundo (y a veces ni siquiera al cuerpo mismo). Iaacov se encontraba en un nivel espiritual tal, que su alma se expresaba en su intelecto y, en forma automáticamente eso tenía un efecto en sus acciones, por eso siquel - usó su intelecto - con sus manos y distribuyó las bendiciones en la forma adecuada según su profecía.

Si bien la mayoría de nosotros no estamos en el nivel espiritual de Iaacov, sin embargo, se exige de cada uno que se ponga como objetivo estar en ese nivel. Junto con la exigencia se le da a cada uno la fuerza para lograrlo. Si llegaremos o no, eso es asunto de Di-s, pero debemos intentar, y eso se hace moldeando nuestras cualidades de manera tal que nuestra alma gobierne nuestro intelecto, emociones y acciones, para expresarse en el mundo y hacer del mismo una morada para Di-s.

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