La sección de la Torá de esta semana habla de una promesa Divina: "Y será que si escuchan estas leyes y las cuidan y hacen, D-s tu Señor cuidará para ti el pacto [...] y te amará y bendecirá y multiplicará".

Más tarde la Torá habla del lado opuesto: "Y será que si te olvidares de Di-s tu Señor [...] se perderán"

Es muy sencillo. Si si, si observamos sus Mitzvot, cuidamos sus palabras, etc., Di-s hace su parte y nos bendice. Si no, no.

Sin embargo, no es tan sencillo. Parafraseando el lenguaje de nuestros sabios, ¿A qué se parece esto? A un rey de carne y hueso, cuyo hijo recibió detalladas instrucciones de comportamiento y no las cumplió. Se le advirtió a través de consejeros y allegados al rey, pero no mejoró, o mejoró temporalmente y luego empeoró. Así una y otra vez. ¿Cómo termina la historia? El rey siempre da otra oportunidad. ¿Por qué? Porque se trata de su hijo.

Igualmente nosotros. Somos los hijos de Di-s. Si, ya sé, todas las criaturas lo son, pero nosotros somos los primogénitos, los elegidos de entre toda la humanidad. Siempre hay otra oportunidad. Siempre hay lugar para hacer Teshuvá y retornar hacia Di-s.

De eso se trata el judaísmo. Di-s, nuestro Padre Misericordioso, siempre tiene otra oportunidad lista, siempre tiene la mano extendida, depende de nosotros tomarla.

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