Hace un tiempo un amigo me invitó a una fiesta en su casa. Algo pequeño, una buena oportunidad para conversar informalmente de temas que se presentan en momentos especiales, como una reunión, un farbrenguen, etc.

Lamentablemente, el lugar no estaba especialmente preparado para que "El rabino" llegue y participe de las comidas, los saludos, etc., pero sin embargo fui cálidamente recibido y, luego de pasar por un primer cuarto con mucho ruido, fui conducido hacia otra habitación más atrás.

En esta otra habitación había un grupo de gente que, bebidas y alguna comida de por medio, estaba disfrutando de un partido de fútbol. Entre las idas y venidas de la pelota la gente intercambiaba comentarios y saludos al extraño visitante. Me senté y comencé a charlar con quien tenía a mi lado, las típicas preguntas "rompe hielo":, ¿cómo estás?, tanto tiempo, sin verte, y demás muletillas para iniciar una conversación.

Después de analizar el evento un poco más profundamente, distinguí que había una diferencia interesante entre los dos cuartos en los cuales ocurría la mayor parte de la fiesta: en el primero había mujeres que conversaban, vaya a saber uno de qué, cosas de mujeres. En el segundo (donde yo estaba) había hombres que miraban un partido de fútbol. Entonces entendí todo.

La verdad es que los hombres y las mujeres somos diferentes. Tenemos diferentes intereses, formas de ver la vida, idiosincrasias y mentalidades. Por eso, cuando la reunión fue tomando forma, naturalmente, los hombres se fueron al cuarto de atrás (por que ahí estaba la televisión para ver el partido) y las mujeres se quedaron charlando de bueyes perdidos adelante. ¡Parecía casi como una sinagoga!

La gente cuestiona ¿¡por qué tenemos que estar separados cuando rezamos!? ¡queremos estar juntos! Pero cuando se trata de una reunión, todos entienden que cada uno tiene su lugar, su espacio y su rol en ese lugar determinado. Tenemos que aprender a asumir nuestro rol natural y dejarnos llevar. Con seguridad de esa manera vamos a poder concentrarnos más en Di-s durante un rezo que preocupándonos por nuestro cónyuge a nuestro lado...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dieciseis + cinco =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.