La parashá de esta semana se llama Trumá (donación) y es el comienzo de la explicación sobre la construcción del Santuario (Mishkán) que acompañó al pueblo judío durante su viaje por el desierto.

Para la construcción, Di-s mandó a recaudar donaciones (de ahí el nombre de la parashá) de diferentes materiales, oro, plata y cobre, lanas y pieles de animales, maderas, especias vegetales y piedras preciosas.

Por supuesto, si la Torá manda a recolectar esos materiales, es porque así debe ser, punto. Sin embargo, un análisis más profundo puede echar algo de luz sobre esta lista de elementos y, más aún, siempre se debe buscar el significado actual de dicha lista. Obviamente el Mishkán no va a existir tal y como era antes nunca más (de hecho nuestros sabios dicen que está enterrado, ya que las acciones de Moshe son eternas...), aún así, debemos buscar enseñanzas eternas hasta en las partes de la Torá que, aparentemente, no contienen un mandato para todas las generaciones.

Para entender la lista y la enseñanza, debemos detenernos en un versículo de esta sección, Shmot 25:8: “Y harán para mí un templo, y moraré dentro de ellos”. El versículo comienza hablando en singular, sobre “un templo”, y termina hablando en plural “dentro de ellos”. Nuestros sabios explican que este versículo, en realidad, está hablando no solamente sobre el Santuario, sino, también, sobre cada persona. Di-s está diciendo “haz de ti mismo un templo, y Yo voy a residir dentro de ustedes” (ellos y ustedes en hebreo se pueden decir de la misma manera, betojám). Cuando la persona se santifica a sí misma, Di-s reside dentro de ella.

Ahora bien, ¿en qué asuntos debe santificarse cada uno? Hay muchas formas de responder esa pregunta, pero, en forma general, son los elementos usados para construir el Mishkán que nos darán la respuesta. Si observamos la lista, vamos a encontrar que hay al menos un representante de cada uno de los tipos de elementos: objetos inanimados (piedras preciosas), vegetales (madera y especias), animales (pieles y lana) y el hombre, que armaba y usaba el Mishkán.

Espiritualmente hablando, también estamos compuestos por estos elementos: las piedras son las vestimentas del alma, pensamiento, palabra y acción. Se los identifica con piedras porque, así como las piedras, las letras y palabras son, esencialmente inanimadas. Sólo cuando son combinadas y llevan dentro un concepto, es que “cobran vida”, por así decir.

Las emociones son el mundo vegetal dentro del ser humano. Así como las plantas crecen, las emociones se desarrollan y crecen en el corazón, ganando fuerza a medida que la persona piensa en ellas.

El reino animal representa el intelecto, ya que, así como el animal viaja de un lugar a otro, el intelecto es capaz de contemplar diferentes (y hasta opuestas) ideas.

El ser humano dentro del hombre es su capacidad de conectarse conscientemente con Di-s. Además, el hombre, a diferencia del animal, camina erguido, lo que representa la superioridad y el gobierno del intelecto (la cabeza) por sobre las emociones (el corazón).

(Con esto se entiende, también, por qué nuestros sabios dicen que el hombre es un “pequeño mundo”, ya que se encuentran dentro de él los mismos elementos que en el mundo en general.)

Entonces, se espera de cada persona que se santifique en cada uno de estos elementos que componen su vida, así como cada uno de esos elementos materiales era elevado y santificado al ser utilizado en la construcción del Mishkán. Cada persona debería tener una guía espiritual que le ayude a buscar dentro suyo qué elementos deben ser corregidos y de qué manera.

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