La sección de esta semana se llama Lej Lejá (Vete). Hay una costumbre de leer la sección correspondiente a la semana durante esa misma semana, es decir, el domingo se lee la primera parte de la parashá (como está dividida en lecturas de Shabat), el lunes la segunda parte y así sucesivamente. Esta semana es, por así decir, una semana alegre, ya que en todas las partes de esta sección aparece alguna historia con Avraham.

Más allá de las historias particulares y sus respectivas enseñanzas, desde una visión mucho más general, es interesante detenerse a pensar: ¿por qué la Torá nos cuenta sobre la vida de nuestros patriarcas con tanto detalle? Debería dedicarse a los preceptos propiamente dichos...

En particular, según las palabras de Maimónides, en su comentario a la Mishná, donde explica que "no nos hacemos el Brit Milá (la circuncisión) porque Avraham lo hizo, sino porque Di-s le dijo a Moshe en el Monte Sinaí que debemos hacernos el Brit como Avraham lo hizo". En otras palabras, cada uno de los preceptos de la Torá se practican (o se estudian, aquellos que no pueden practicarse) porque así Di-s indicó cuando entregó la Torá y no porque Avraham, Itzjak o Iaacov los hayan hecho. Ese evento anuló, por así decir, los preceptos anteriores (para el pueblo judío) y renovó el concepto de una Mitzvá, dándole el significado de unión con Di-s (de la palabra aramea Tzavta, cuyo significado es unión). Siendo así, ¿para qué nos sirve el relato del Brit Milá de Avraham? Y más aún, ¿por qué en la ceremonia de Brit se menciona la circuncisión de Avraham? ¡Maimónides mismo dice que la Torá nos manda a circuncidarnos "como Avraham lo hizo"!

Para entender esto debemos comprender la diferencia entre los preceptos antes de la Entrega de la Torá y los preceptos posteriores al evento en el Monte Sinaí. Antes de la Entrega de la Torá la conexión del hombre con Di-s partía desde el hombre mismo, pudiendo llegar tan elevado como cada hombre pudiese llegar. Siendo el hombre una criatura limitada, entonces, su conexión con Di-s era limitada y circunscripta a la forma y capacidad de cada hombre en particular, pero nunca podía llegar a la esencia misma del Di-s Infinito. A su vez, la virtud de los preceptos del hombre era que, al estar preparados espiritualmente para cada una de sus acciones a través del desarrollo personal que los llevaba a cumplir esos preceptos, la energía Divina que generaban con cada una de sus acciones se "revelaba" en sus vidas, es decir, sentían el efecto de cada Mitzvá que cumplían.

Por el otro lado, luego de la Entrega de la Torá, Di-s se introdujo a sí mismo en la Torá y las Mitzvot, por así decir, de manera tal que con cada precepto que la persona cumple se conecta con la esencia misma de Di-s, un nivel infinitamente más elevado que la capacidad de cualquier hombre, un nivel al cual, de no ser por que Di-s mismo así decretó, el hombre nunca podría llegar. Sin embargo, al no estar refinado espiritualmente, el efecto de cada uno de esos preceptos no se "revela" y queda "oculto" es decir, la persona que los observa no (siempre) siente los efectos.

Es como si dijésemos que antes de la Entrega de la Torá, el hombre se conectaba con Di-s "de abajo hacia arriba", mientras que después de la Entrega de la Torá, el hombre se conecta con Di-s "de arriba hacia abajo", por iniciativa Divina.

Con esto vamos a entender que la Torá relata la vida de nuestros patriarcas para enseñarnos que, a pesar de que hoy en día, luego del evento en el Monte Sinaí, nos conectamos con la esencia de Di-s pero no lo sentimos por no estar espiritualmente preparados, debemos, de cualquier manera, esforzarnos, como lo hicieron nuestros patriarcas, para refinarnos y alcanzar niveles espirituales más elevados que nos permitan ser conscientes y sentir la presencia de Di-s que generamos con cada Mitzvá.

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