La verdadera paz no consiste en forzar una tregua, no es una homogeneización de las diferencias, no es un lugar en común que abandona los terrenos propios.

La verdadera paz es la unidad que florece de la diversidad, de un panorama de colores, trazos y texturas. De la armonía de muchos instrumentos cada uno tocando una pieza única, sin sobreponerse sobre el otro ni por el ancho de un pelo. Ahí, en la más deleitable belleza de este mundo, brilla la unicidad más profunda de Di-s.

Aquellos que intentan borrar esas fronteras están, inconscientemente, destruyendo el mundo. Comenzando con la crucial frontera entre el hombre y la mujer, porque ese es el comienzo de toda diversidad, el enfoque más concentrado de la unicidad de Di-s, brillando intensamente sobre Su hermoso mundo.

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