Hoy en día los ojos de todo el pueblo judío están sobre la Tierra de Israel. En general es así, ya que nuestra historia pasada, nuestro presente y nuestro futuro están enraizados en esa porción de tierra que Di-s entregó al pueblo judío. Y más ahora, que estamos luchando por nuestro derecho a existir.

Observando el cuerpo humano, podemos ver que cada uno de sus miembros se ayuda mutuamente. Cuando hay una lastimadura en la pierna, la cabeza envía instrucciones a la mano, quien toma los medicamentos necesarios y los aplica, delicadamente, en la pierna dañada.

El pueblo judío todo es un cuerpo. Cada judío es un miembro, o una parte de un miembro. Nuestros hermanos están sufriendo: ¿no vamos a hacer nada?

Uno puede decir: ¿Y qué puedo hacer yo? Vivo a kilómetros del lugar del conflicto, no se manejar un arma ni tácticas de guerra, etc.

La Torá nos dice que el estado espiritual del pueblo judío influye directamente en su estado material (como en el cuerpo humano). Cuando un judío en Argentina o China hace una Mitzvá, todos los judíos, en todos los lugares del universo, mejoran.

Ahora bien, uno puede decir: "No creo en esto, no soy religioso, etc.". La pregunta es: ¿Y qué? ¿Acaso va a esperar a comprobarlo personalmente mientras compromete el bienestar de padres, hijos, maridos y jóvenes judíos luchando en el frente de batalla?

Piénselo. De vez en cuando es bueno hacer algo por otra persona aunque uno no lo disfrute o quiera hacerlo. Diga un capítulo de Salmos, dé una moneda en tzedaká, estudie Torá, rece a Di-s. Estas son las herramientas de batalla a nuestra disposición.

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