La parashá - sección - de esta semana se llama Behaalotjá, cuyo significado es, literalmente, cuando eleves. La Torá (Bamidbar 8:2) está indicando cómo deben ser encendidas las velas de la Menorá - candelabro - que se encontraba en el Santuario.

Aparentemente el texto debería haber dicho "Cuando enciendas" (behaadlikjá, en hebreo) en lugar de decir "Cuando eleves". Rashi (1040-1105), uno de los principales comentaristas, explica que el término "elevar", hablando del encendido de velas, se refiere a la llama, ya que la llama se eleva. Sin embargo, aún debería haber dicho "Cuando enciendas" que sería una palabra más apropiada, y podría hacer referencia a la vela misma (y no a la llama). Por eso, continúa explicando Rashi, la Torá viene a enseñarnos que la vela debe ser encendida hasta que la llama se eleve por sí misma. Surge, entonces, que de este cambio de expresión (behaalotjá en lugar de behaadlikjá) aprendemos una idea que hubiese ocupado muchas más palabras si la Torá hubiese tenido que detallarla por separado.

Como todos los asuntos de la Torá, debemos encontrar alguna enseñanza práctica para todos los tiempos y lugares.

Una profecía de Zejaria (Trei Asar:2) hace referencia a la Menorá del Santuario y del Templo representando al pueblo judío. Cada uno de los brazos simboliza diferentes grupos de personas, y las velas mismas representan a las personas propiamente dichas. De hecho, hay un versículo en Mishlei (20:27) que compara al alma con una vela.

Ahora bien, así como las velas deben ser encendidas, de la misma manera, las almas. En particular, las almas de los niños (en edad y en conocimientos). Es aquí donde está la enseñanza de este versículo de nuestra sección, sobre cómo deben ser encendidas las velas de la Menorá, en las palabras de Rashi: "hasta que la llama se eleve por sí misma".

Es claro y reconocido que un niño necesita educación. Esto es algo que comienza desde los primeros años de vida y continúa sin parar, aún cuando el niño ya creció. Sin embargo, no alcanza simplemente con una transmisión de información, sino que debe haber un estímulo adecuado para que la información quede registrada. Si es así para la matemática, la lengua y otros conocimientos, también es así para el judaísmo.

Solo que aquí hay un asunto más: el estímulo debe ser tal que "la llama se eleve por sí misma", no alcanza con informarle al niño que proviene de una familia judía, o aún que viva rodeado de símbolos judíos en casa o en la escuela, o que juegue un deporte en un club judío, sino que debe haber un estímulo tan fuerte que haga que el niño indague por sí mismo, busque por su propia iniciativa profundizar y alcanzar nuevos horizontes en su relación con Di-s. Esto es a lo que la Torá llama "encender la vela": los padres tienen el deber y la responsabilidad de encender el alma del niño para que conozca su esencia.

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