El profeta Zejaria está relatando que Dios le mostró a Ioshua ben Iehotzadak, el Sumo Sacerdote frente a un ángel y frente al Satan, quien estaba parado a su diestra para acusarlo. Dios "grita" al Satan que no acuse a Ioshua (porque sus hijos se casaron con mujeres no judías, ver Ezra 10:18), por cuanto Ioshua era un "carbón salvado del fuego" (explicado en Sanhedrin 93a).

El punto no es que el Satan, el acusador, el ángel de la muerte, la inclinación al mal (ietzer hará) (ver Bava Batra 16a) tenga libre albedrío para acusar o no, sino que, de acuerdo a su trabajo, debía acusar a Ioshua, cosa que Dios evitó.

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