En la parashá de esta semana leemos sobre el nacimiento de casi todos los hijos de Iaacov. Cuentan nuestros sabios que dos de ellos, Isajar y Zevulún hicieron un trato (es decir, sus descendientes por muchas generaciones, mientras el pueblo judío vivía en la Tierra de Israel se comportaron de esta manera): Isajar estudiaría Torá, mientras que Zevulún haría comercio para mantener a su hermano. A cambio, parte del mérito de Isajar ganado frente a Di-s por el estudio de Torá, sería de Zevulún. Hoy en día, a pesar de que no conocemos la tribu particular de cada judío, se suele denominar Isajar a aquellos que dedican su vida al estudio y Zevulún a aquellos que, a través de su trabajo, sustentan a los estudiantes.

Ahora bien, los nombres de cada uno de los hijos de Iaacov tienen un significado especial. Cuando Lea, la madre de Zevulún le puso el nombre a su hijo, lo hizo pensando en que, ya que tuvo seis hijos, Iaacov viviría en forma fija con ella, porque esa es la raíz de la palabra Zevulún, zvul, casa fija.

A partir de esto podemos decir que " la casa de Iaacov" iba a ser la de Zevulún. Es sabido que Iaacov era una persona cuyo énfasis principal en la vida era el estudio de Torá, mientras que, como se explicó, el énfasis en la vida de Zevulún era el comercio. Siendo así: ¿cómo pensó Lea que ahora Iaacov iba a vivir con ella porque tuvo a Zevulún?

Para entender esto debemos saber que el objetivo principal de la creación del universo es hacer de este mundo material, una morada para Di-s. Esto significa que nuestro trabajo consiste en revelar la chispa divina oculta (y hasta en exilio, como atrapada) que se encuentra en las situaciones más oscuras y difíciles, más bajas y mundanas. Esto incluye, por ejemplo, el comercio. A través de ser honestos en las transacciones, de no robar ni engañar, etc., santificamos y elevamos una actividad que por sí sola es neutra: ni santa ni mundana.

En otras palabras: a lo largo de la historia del pueblo judío podemos ver que, justamente en los momentos más difíciles, como la conquista romana de la Tierra de Israel, la Edad Media en Europa y, más tarde, en la Shoá (conocido como el Holocausto), el pueblo judío se expandió, sacó fuerzas desde las profundidades del alma divina para renacer, crecer y desarrollarse aún más que antes. En los ejemplos mencionados, durante y poco después de la conquista romana fue el período de los Tanaím, grandes sabios que formaron el cuerpo central de la Torá Oral: la Mishná y la Guemará. Más tarde, en la Edad Media, a lo largo de todo el continente europeo, a pesar de las persecuciones de cruzados e inquisición, se desarrolló la época de los Rishoním, los primeros grandes comentaristas del Talmud y autores de miles de responsas rabínicas que hasta el día de hoy iluminan los ojos del pueblo judío entero. Luego, en la época de la Shoá, e inmediatamente después, comenzó un movimiento de retorno a nuestras raíces, difundiendo el judaísmo y haciéndolo disponible hasta en los lugares más recónditos de la tierra.

Justamente en la dificultad, crecimos. Lo mismo ocurrió con Iaacov, justamente viviendo en la casa de Laván (un hombre malvado y engañoso) creció y desarrolló la base del pueblo judío todo: las doce tribus.

Por eso Lea pensó que ahora que tuvo un hijo que se dedicaría al comercio, a una actividad "poco elevada" en comparación al estudio, es que Iaacov viviría con ella, porque en eso consiste nuestra razón de ser misma: hacer de lo mundano, algo santo.

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